PREGÓN
DE LA SEMANA SANTA COMPETEÑA
PREGÓN 2000
LUISA RUIZ LÓPEZ
Señor Párroco, miembros de las agrupaciones y
hermandades de cofradías de Competa, hermanos de la hermandad de Nuestra
señora Virgen de los Dolores, excelentísimas autoridades del pueblo, queridos
paisanos y amigos todos.
Quiero dar las gracias de antemano, a cuantos
han hecho posible que este Pregón sea hoy una realidad para mi, de un modo muy
especial deseo resaltar el apoyo incondicional que mi familia me ha prestado
en todo momento y pedirles perdón si en estos últimos días no he podido
prestarles la atención que se merecen, también creo que conociendo el motivo
sabrán entenderlo.
Es un inmerecido honor el que se me hace,
habiéndome elegido este año para pronunciar el pregón de la Semana Santa de
Cómpeta con la responsabilidad que esto supone.
Por un momento lo dudé cuando me lo propuso
el señor párroco, pero gracias a la ayuda desinteresada de varios amigos del
pueblo, el apoyo incondicional de don José Luis, el cura, y por supuesto, con
la ayuda inestimable de Dios, me animé y cambié de opinión. No podía negarme.
Espero hacerlo lo mejor posible y si no es
así, creo que sabrán disculparme, puesto que para mi ésta es una tarea digna
de grandes oradores o de personas relacionadas más directamente con la Semana
Mayor, cualidades que por supuesto, yo no poseo.
Como cristiana que soy, mi visión de la
Semana Santa va más allá de las procesiones y de los actos programados para
estos días, en los que de paso os animo a participar.
La Semana Santa para mí, como creo que para
muchos de vosotros, es una representación plástica que cada año se nos hace de
la PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN de Nuestro Señor Jesucristo.
Día a día volveremos a recordar sus palabras,
sus mensajes, siempre llenos de Paz, de Amor, de Salvación. Viviremos la
Pasión, veremos a Jesús recorrer las calles de nuestro pueblo cargando sobre
sus hombros con una enorme cruz de madera, cruz que no es otra cosa que el
peso de nuestros pecados, nuestra culpas, odios, rencores y envidias, que al
fin y al cabo no es otra cosa que la falta de amor.
Recordaremos su Muerte previamente anunciada
y aceptada como sólo El podía hacerlo, y celebraremos todos juntos la
Resurrección que en definitiva es el único y gran mensaje de la religión
cristiana, lo que todos esperamos.
Durante la semana que hoy comienza, tenemos
un tiempo para la reflexión. Todos y cada uno de los actos que tienen lugar en
la Semana Santa lleva escondido detrás un mensaje muy importante. Para
entenderlo, es necesario participar en las procesiones, por supuesto, pero sin
dejar de lado los demás actos litúrgicos que se van a llevar a cabo en la
parroquia.
Dios nos ha dado el privilegio de vivir en
Cómpeta, pueblo blanco que surge de las faldas de la sierra Almijara como si
del vuelo rasante de una paloma se tratara:
Cómpeta es una
paloma
Que se paró a
descansar,
Y se sintió tan
a gusto
Que no voló
nunca más.
En sus calles todavía hoy pueden verse las
huellas de quienes fueron nuestros antepasados, los árabes. Callejuelas
estrechas, difíciles y empinadas, muros y paredes encaladas en construcciones
de poca altura, especial gusto por las flores, que en cualquier época del año
adornan los balcones y las calles de nuestro pueblo, dando de Cómpeta una
imagen bonita y acogedora que hace que los visitantes se sientan tan a gusto y
la elijan como hogar para el resto de sus días:
Venga quien
quiera venir
Emigrantes y
extranjeros,
Nadie es aquí
forastero
Que Cómpeta les
va a recibir
Con paz y abrazo
sincero.
Como cada año llegando estas fechas, Cómpeta
se engalana de forma especial. Son las mujeres del pueblo las que, conocedoras
de la importancia del que va a recorrer nuestras calles, se afanan de manera
especial en su limpieza, preparando los lugares y plazuelas por las que en los
recorridos procesionales va a pasar Jesús. Las paredes parecen más blancas aún
si cabe, las calles más limpias y engalanadas que nunca, vestidas para la
ocasión con sus mejores galas. Las macetas más bonitas cuidadas con especial
estima durante todo el año para lucirlas en este momento.
¡Cómpeta ya está
preparada!:
Viste tus
mejores galas,
Pinta tu cara
bonita,
Que es Cristo
quien te visita
Y la Virgen la
que pasa,
De camino hacia
su ermita.
Especial mención merecen los hermanos de las
cofradías de Cómpeta en este Pregón de Semana Santa.
Especial por su trabajo
totalmente desinteresado, no sólo en estas fechas, sino a lo largo de todo el
año y por supuesto con absoluta dedicación en los días anteriores a la Semana
Mayor.
Este esfuerzo sólo se consigue robándole
horas a su trabajo, a sus familias, a sus ratos de ocio y a veces, incluso al
sueño, para conseguir de este modo que en el momento de la salida no falte
ningún detalle y cuando su Bendita Imagen, haga su aparición por las puertas
del templo, con los vellos de punta no podamos contener la emoción, al ver
realizado el trabajo de todo un año. Por eso yo pienso que, hoy es el momento
de destacar la labor, que las Hermandades y Cofradías de Cómpeta vienen
realizando, en pro de nuestra Semana Santa, aunque todos sabemos que este
trabajo no siempre es valorado en la medida que le corresponde.
No es capricho ni moda pasajera la fiesta que
hoy pregono. Todos sabemos que corren tiempos difíciles para estas tradiciones
que vamos heredando de generaciones anteriores, y es por eso que creo que, al
ánimo de estos jóvenes cofrades no puede ser sólo humano, es la fe la que los
anima a permanecer fieles a las tradiciones cristianas.
Capataces competeños
Haced un supremo esfuerzo,
Que la puerta de la iglesia
Tiene un dintel muy estrecho,
Decid a los costaleros
Que procuren otro intento,
Mas grande es su corazón
Y lo llevan en el pecho.
Que si quieren ver la luz
Y el sentir de todo el pueblo,
Tendrán que ver a Jesús,
A hombros de un costalero.
Capataces competeños
Sois el mejor instrumento
Para mandar las salidas
Y entradas a nuestro templo.
¡Animo hermanos!
Que este esfuerzo
hoy realizado
Algún día por Dios
será recompensado.
Y después de este preámbulo y
habiendo meditado durante la pasada semana, los dolores de Nuestra Señora,
entramos de lleno en la Semana Santa.
Muchos años han pasado ya desde
que salieras de las maravillosas manos del escultor que te modelara, hasta ser
reconocida nuestra patrona, hecho que muchos de nosotros desconocíamos, pero, ha
llegado el momento que, como una gracia jubilar de este año 2000 que celebramos,
tus hijos hayan hecho fiesta este día para honrarte.
Cómpeta en todo momento, quiso tener la
protección y el amparo de María, para ello elige a la Virgen de la Asunción,
patrona de su iglesia, y a la Virgen de los Dolores, patrona del pueblo. Así es
como reza en los antiguos documentos.
Aprovechamos esta primera Semana Santa del
siglo XXI para festejar el viernes de Dolores como el día de nuestra patrona,
por fin, como ella se merece. Así pues la Virgen saldrá en procesión a última
hora de la tarde marcando para ello un nuevo recorrido. Bajará por la Rampa, con
aires de gran señora paseará por la Avenida de la Constitución casi en volandas
marcando el paso y meciendo el trono, volverá a su casa por la calle San Antonio
a hombros de sus portadores, y entrará en la iglesia feliz, contenta y
agradecida de los honores recibidos. Todos estamos deseando verla de nuevo, por
eso, uniendo nuestras voces de decimos:
SALID, DIVINA
MARÍA
SALID, DIVINO
LUCERO
SALID, ROSA SIN
ESPINAS
DEL JARDÍN DEL
DIOS ETERNO
PORQUE ESTAMOS YA
ESPERANDO
A LA PATRONA DEL
PUEBLO.
SALID, DIVINA
MARÍA
SEÑORA DE
COMPETEÑOS
SALID, PATRONA
ADMIRABLE
CON EL PUÑAL EN EL
PECHO
PORQUE OS ESTÁ YA
ESPERANDO
DE RODILLAS TODO
EL PUEBLO.
Y llega el domingo de Ramos. Y amanece un día
alegre y luminoso. El clima también se une a nosotros para acompañar a
Jesucristo en su entrada triunfal en la ciudad Santa de Jerusalén montado sobre
una pollinica. De esta manera se nos muestra la humildad de Nuestro Señor.
Él, que podría ir a caballo o a
hombros de quien quisiera.
Él, que entra en Jerusalén como
lo que es, un Rey.
Él, que es aclamado, vitoreado,
seguido por todo un pueblo, va montado en un burro, un animal humilde como el
que más.
Y todo el pueblo le sigue portando palmas y
ramas de olivo en sus manos. La paz que en ocasiones se representa como una
paloma blanca con una ramita de olivo en su pico en esta ocasión se ve reflejada
en las palmas que llevan los que siguen y aclaman a Jesucristo.
El siempre rodeado de paz, de amor, de
esperanza. El pueblo de Cómpeta lo sigue, lo lleva como un Rey, desde su ermita,
por las calles del pueblo hasta dejarlo de nuevo en su casa.
Cuando este año veamos la procesión de la
Pollinica en la calle, no pensemos solamente en la figura de Jesús montado en un
borriquillo, no, profundicemos un poco más y recordemos que en su recorrido,
Jesús va predicando su mensaje de paz, de amor, de humildad. Algo muy difícil en
nuestros días pero no imposible. Él nos ayudará a conseguirlo.
A lomos de un
burro
En un trono
blanco,
Predica Jesús
Entre sus
hermanos.
El pueblo lo sigue
Camina a su lado,
Con palmas y
olivos
Y amor en los
labios.
La Semana Santa de Cómpeta tiene dos días de
reflexión. Un paréntesis de preparación para vivir plenamente la Pasión de
Nuestro Señor.
La procesiones del Miércoles Santo son
relativamente recientes. Antes, este día no se celebraba, ni siquiera teníamos
imágenes para procesionarlas. Al principio, hace algunos años los hermanos de la
cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, vestían a su imagen de blanco, sin
cruz y con las manos atadas delante, era nuestro Cautivo y como tal, lo
venerábamos.
En el año 1994, ocurrió el
milagro que esperábamos. Una ilustre paisana nuestra, Dª Angeles López Cabra, la
matrona, a quien yo tengo un especial cariño y ella lo sabe, donó a la parroquia
una hermosa imagen del Cautivo que desde aquel mismo año se procesiona en la
noche del Miércoles Santo, y que desde aquel mismo año cuenta también con
numerosos hermanos y devotos. Detrás le sigue la hermandad de Azotes y Columnas,
conocida también como El Cristo de los Gitanos. Otra imagen donada a la
parroquia por varios competeños ilustres que un día tuvieron que salir de este
su pueblo, pero que cada año por estas fechas vuelven para vivir su Semana Santa
y poder celebrarla junto a sus familias.
Con el olor a cerca derramada en la plaza, la
música de la banda que resuena en todo el pueblo y la salida de estas imágenes,
comienza a vivirse ya la Pasión de Jesucristo.
Empieza el dolor, el
sufrimiento, el camino del calvario. Jesús es cautivado, prendido y azotado, por
quienes días antes le seguían y le aclamaban, hoy lo condenan. Jesús es
traicionado por su gente, y este mismo Jesús ya crucificado, agonizando a punto
de morir les perdonará con estas palabras: “PADRE, PERDONALOS PORQUE NO SABEN LO
QUE HACEN”.
El perdón siempre está presente
en los labios de Jesús.
¿Y qué decir del Jueves Santo?
Eslabón importante en esta cadena. Continuación
de la Pasión y comienzo del camino del Calvario.
Es el día que celebramos el amor fraterno.
Cuando el amor entre hermanos debe estar más presente que nunca.
Jesús nos espera en el
Monumento. Allí lo sentimos más vivo y más cercano aún si cabe, y estaremos con
El toda la noche.
Mientras, en la calle, al anochecer, hay un
olor a velas derretidas, a nerviosismo y bullicio en la plaza, la gente espera
la salida de Jesús Nazareno.
Solemnidad en los portadores, ataviados con la
túnica morada. Nerviosismo en los cofrades cuidando todos los detalles para que
nada falle en el último momento y algarabía en los niños vestidos de nazarenos,
que se agolpan en la puerta de la iglesia esperando la señal.
Y por fin, Jesús, con el rostro humilde y
tranquilo, ya está en medio de su gente, que no es otra que el pueblo de Cómpeta
que por un momento quisiéramos ser cirineos, para ayudarle a llevar la cruz,
aligerar de algún modo el peso que le daña el hombro y le atormenta el alma. O
ser Verónicas para enjugar su rostro manchado dela sangre que brota de sus
sienes heridas. En su rostro ya hay dolor.
Detrás, la Virgen sufre en silencio la pena que
le parte el corazón. Ella, detrás de su hijo, caminará sin consuelo por las
calles estrechas y difíciles de nuestro pueblo, y nosotros la seguiremos en
silencio, para acompañarla en su dolor y aliviarle de algún modo el sufrimiento.
Y allá, al filo de la medianoche, la dejaremos descansar de nuevo en el templo.
Tal y como estaba escrito, así
se cumplió. Jesús, después del doloroso camino de Gólgota, muere en la cruz y su
madre al pie de la misma lo espera ansiosa para acogerlo en su regazo.
Temprano amanece el Viernes
Santo competeño. A las siete de la mañana, el pueblo es un hervidero de hombres
y chavales, vestidos para la ocasión con traje y corbata, dispuestos a
participar en el “Vía Crucis” a unir sus roncas voces para cantarle a Jesús en
la cruz.
Hay forasteros o paisanos que,
con el único motivo de acompañar a esta procesión, vuelven cada año como fieles
golondrinas en busca de su nido, y animan a sus hijos varones, para que nunca
renuncien a esta tradición que un día ellos mismos heredaron de sus mayores. Las
mujeres del pueblo, en un discreto segundo plano, esperan en la plaza la llegada
de Cristo Crucificado y esperarán que los hombres le rindan los últimos honores
y cuando Jesús descanse ya dentro del templo, se reunirán con sus hijos y
maridos para seguir participando, ya juntos, en los demás actos del Viernes
Santo.
Como novedad este año, en
Cómpeta, vamos a vivir más de cerca que nunca la Pasión. Un grupo de jóvenes del
pueblo dirigidos por el párroco en el papel principal, van a representar como ya
se viene haciendo en otros lugares, la Pasión de Jesús. Comenzando con el
juicio, el prendimiento y la tortura que se hará en la plaza, donde se
improvisará para ello un escenario. Después, las calles del monte serán el
camino del Calvario, en el que colabora mucha gente de Cómpeta, hasta llegar a
la sierra donde tendrá lugar la crucifixión y muerte.
Y así va avanzando el Viernes
Santo. Y con el silencio que caracteriza a este día y el luto riguroso que
seguimos, hoy las campanas de la torre permanecerán mudas y estarán así hasta
las 12 de la noche del Sábado de Gloria, cuando anuncien repicando que Jesús ya
está de nuevo entre nosotros.
Pero no es necesario ninguna
señal para que la gente acuda a primera hora de la tarde, al “Sermón de las
siete palabras”. Acto éste, característico del pueblo de Cómpeta y que deseo
resaltar por su especial belleza, en la forma y contenido.
Como cualquier reo condenado a
muerte, Jesús también tuvo la oportunidad de pronunciar su último deseo y lo
supo resumir de manera muy especial, en las siete palabras que hoy Viernes
Santo, el sacerdote nos explica y el coro de Cómpeta, en el que destacan las
voces privilegiadas de Mari Carmen Villa, cantan, acompañadas por notas del
viejo órgano de la iglesia.
Jesús ya clavado en la cruz,
agonizando, no comprende por qué su Padre en estos momentos lo ha abandonado.
Por qué tanto dolor, por qué le ha hecho sufrir de este modo, por qué se ha
olvidado de Él cuando más lo necesita. Pero sin embargo, pide a Dios perdón para
los causantes de este sufrimiento. Él piensa que los romanos no eran conscientes
de lo que hacían. ¡Es tanta la capacidad de perdón que tiene Dios! Sin embargo,
el regalo más importante que nos hizo Jesús antes de morir y que todavía hoy
podemos disfrutar, fue sin duda ofrecernos de por vida a su Madre, viéndola
desconsolada en aquel momento al pie de la cruz y sabiendo que durante toda la
vida estuvo a su lado, nos la entrega, para que desde ahora nos ampare nos
proteja y nos acoja en sus broza, como lo hiciera con Él.
Junto a Jesús, crucificados hay
dos ladrones de distinta condición, que como Él, pronto van a morir.
Dirigiéndose a ellos les recuerda que también en la otra vida estarán juntos.
Que ante los ojos de Dios todos los hombres son iguales, pero no es así. Jesús
en un momento siente una necesidad física, tiene sed. Mas sus guardianes le
ofrecen una esponja empapada en hiel y vinagre. Jesús solamente mojará los
labios.
Tiene necesidad de justicia y ve
odio, busca perdón y encuentra envidia, pide amor y sólo hay rencor.
Se acerca el final y Jesús lo
sabe. Y es por eso que presintiendo la muerte encomienda su alma, su espíritu,
que es lo único que le queda a Dios, su Padre, porque ya todo está consumado, ya
su misión en el mundo ha concluido y se va, pero con la conciencia muy
tranquila.
Nosotros somos los que ya nunca
deberíamos olvidar estas últimas palabras de Jesús a punto de morir, estos siete
últimos deseos que como todos los del reto de su vida los podríamos resumir en
tres: Paz, Amor y Justicia.
Jesús en su última hora
Ya sabiendo que se va,
Perdón a su padre implora
Pa los que le hicieron mal.
Y que perdone también
Las culpas y los pecados,
De los que sufren con El
Y mueren a ambos lados.
Y a su madre, allí presente
En esta hora postrera,
Nos ofrece para siempre
Y le pide que nos quiera.
Y pues de tanto sufrir,
Ya Jesús está muriendo
¿Qué podríamos pedir
pa aliviar su sufrimiento?
Desamparado se ve
De su Padre en esta hora
¡más si supiera que ahora,
Dios también está con El!
Ya se le acerca el final,
Ya todo está consumado,
Perdona nuestros pecados
Y líbranos de todo mal.
Solemne y apacible tarde del
Viernes Santo.
Solemnidad que se torna luto y
pesar, cuando se acercan las diez de la noche.
Al pie de la torre, en la plaza,
los feligreses esperan la salida de Cristo en su santo entierro. Una a una
resuenan las campanadas que anuncian la proximidad del acto. La banda únicamente
tocará hoy, marchas fúnebres con solo de caja y corneta, que ya desde un primer
momento, nos pondrán un nudo en la garganta y las lágrimas casi afloran a
nuestros ojos, si no conseguimos controlarlas.
Y por fin, van saliendo uno a
uno los pasos que preceden al sepulcro. Uno a uno abren paso entre la multitud
nerviosa y expectante, que se agolpa ante las puertas del templo.
Y es ahora cuando la emoción
llega a su punto más alto, al fondo de la iglesia aparece el sepulcro. Con
cierto aire de solemnidad, envuelto en un halo rojo que forman la luz de los
cirios y la base de claveles rojos, sobre los cuales descansa el cuerpo, ya sin
vida, de Jesús. Sólo, pero a la vez acompañado por todos los que quieren caminar
junto a Él, en ésta, su última salida.
Si al principio apenas se podía
contener la emoción, ahora es imposible, ahora incluso las velas que portan los
feligreses, lloran y derramaran lágrimas de dolor durante todo el recorrido, que
ni la brisa de la noche se atreve a soplar para no molestar el sentir de este
momento. Y así, al son que marca la banda, comienza el cortejo. En la plaza no
queda nadie, la iglesia se cierra, todos quieren acompañar a Cristo camino del
cementerio, como si de uno de nosotros se tratara.
Sólo junto a Él, su hijo,
caminará toda su vida y junto a Él, esperará la Resurrección.
A la luz del tren de velas, su
cara aparece más triste que nunca, pero a la vez más bonita. A su paso, alguna
saeta brota de una garganta quebrada, de un sentimiento de dolor agudo, poniendo
una nota más de emoción en el recorrido:
Parad el tono un momento
Para cantarle a María,
Y olvidar su sufrimiento
Con la triste canción mía.
Y con paso firme, lento pero seguro, llegamos al
cementerio, pero Jesús no se quedará allí, como tantas veces nos dijo a lo largo
de su vida. Nos espera la resurrección y la vida eterna, por eso Jesús, volverá
a su casa, a la vida. Siempre estará entre nosotros.
Y de madrugada, María saldrá
sola a la calle, vestida de negro sin luz, sin flores, sin música. La Virgen
viste de luto al pie de la cruz, las mujeres lloran con ella la muerte de su
hijo y la acompañan en su dolor. Jesús descansa después de tanto sufrir y la
soledad de su madre, derrama lágrimas de perdón al pie de la cruz. Perdón para
todos nosotros que desde este momento somos ya hijos suyos y que como ella,
esperamos la resurrección de Jesucristo.
Llore conmigo la gente
Que a Jesús ya lo han matado,
Por lavarle sus pecados
Mataron al inocente.
Y pues os dejan sin hijo
Dejadme ser hijo vuestro
¡tendréis mucho más que amar
aunque yo os ame menos!
Atrás han quedado ya la soledad del huerto de los
olivos, el dolor del látigo del soldado enojado, el sufrimiento del camino del
Calvario, la agonía en la cruz y la oscuridad del sepulcro.
Hasta nosotros llega ahora el
repique de las campanas en la medianoche del Sábado Santo, que nos anuncian que
Jesús vive. Cristo victorioso deja la muerte por la vida, el sepulcro por el
mundo, las tinieblas por la luz. Ya ha llegado el momento en que los cristianos
celebramos la resurrección.
Para festejarlo, antes de
empezar la homilía del sábado, haremos una hoguera en la plaza que representará
la luz de esta noche en la iglesia, queremos participar, y los haremos
encendiendo nuestros propios cirios y manteniendo viva su luz como prueba de que
en nosotros también brilla la luz de la resurrección.
Cristo ha vuelto a la vida y siempre estará
entre nosotros.
El domingo muy de mañana, María Magdalena y la
otra María, bajaron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, que yacía muerto.
Acercándose, vieron la piedra movida y el sepulcro vacío, un ángel anunció a las
dos mujeres, que Él ya no estaba, había resucitado.
Así se narra en las escrituras la resurrección
de Jesús. También Cómpeta, al amanecer, ha descubierto el sepulcro vacío y
espera ver salir por las puertas del templo, triunfador de la muerte, a Cristo
Resucitado, para que bendiga, con su mano alzada nuestras calles, nuestras
plazas y a nuestra gente y para dar fe de que lo que estaba escrito ya se ha
cumplido.
¡Cuánto dolor has tenido que pasar hasta llegar
aquí! ¡Cuánto sufrimiento para al fin salir victorioso!
El pueblo que en el camino del dolor te
calumniaba y te insultaba, ahora de nuevo te aclama.
Y detrás tuya María, aquella que guardaba todo
el dolor en su corazón destrozado, hoy llena de alegría, proclama a los cuatro
vientos, la salvación de su hijo.
Son los quintos del pueblo, los que con la
fuerza y la alegría propia de su edad, llevan a la Virgen en volandas durante
todo el recorrido. Se oyen “vivas”, la llaman “guapa” y la levantan todos a una.
La quieren, la adoran y la miman como ella se merece, porque es la madre de
Dios, porque hoy está contenta y porque es la patrona de nuestro pueblo, aunque
dicho sea de paso, a todos se nos escapa un suspiro, un descanso al verla llegar
a la plaza, sana y salva después de todo lo que hemos visto hacer con ella.
Es el final, las imágenes vuelven a ser
colocadas en su lugar, y allí esperaran las salidas del próximo año, los
cofrades vuelven a casa con la satisfacción del deber cumplido, los niños jugar
con los tronos de cartón o de madera, imitando a sus mayores y nosotros, a
recapacitar un poco sobre todo lo vivido.
Cuando tu figura
bella
Entre encajes de
oro y tul,
Por nuestras
calles destella
Envuelta en el
cielo azul,
Parece una blanca
estrella.
Acógela bondadosa
Que es la sincera
expresión,
Más bonita y más
piadosa,
Algo así como una
rosa,
La sangre del
corazón.
Y no puedo terminar este pregón, con el que
espero haber sabido reflejar a grandes rasgos, lo que para mi significa nuestras
Semana Santa, sin expresar mis sentimientos de gratitud: En primer lugar para
con Dios, que sin duda fue el primero que pensó en mí para esta bonita tarea y
me dio fuerzas para poder estar hoy aquí entre vosotros.
En segundo lugar, dar las gracias a todos los
presentes por su asistencia y por haber sabido escuchar con respeto, estas
humildes palabras que, de la mejor manera que sé, he dedicado a nuestra semana
de Pasión. Y por último, a todas las personas, que desde el anonimato, me han
ayudado ha escribir este pregón. Su ayuda ha sido muy importante para mi.
Es hora ya, de que mi voz se calle, para dar
paso al sentir de todo el pueblo, de terminar este Pregón, para que den comienzo
los actos propios de estos días, y lo hago, con la esperanza de que mis palabras
no hayan caído en saco roto y nos sirvan en su momento para encontrar el
mensaje, que con sabiduría Jesús esconde en cada acto que veremos en los
próximos días, mensaje que no es otro que el que yo, desde este mi puesto de
pregonera, os deseo de corazón.
Gracias por su atención. Un saludo y mucho
ánimo para la persona que el próximo año me suceda en esta bonita labor.
GRACIAS.