Permitidme que
empiece dirigiéndome al Señor:
Jesús, una
vez más, el pueblo de Cómpeta, a través de sus imágenes y distintos cultos
litúrgicos, quiere hacer presente el Misterio de tu Pasión. Pero no se trata,
sin más, el procesionarte por sus calles. No se trata de una suma de
espectáculos que más o menos puedan quedar bien organizados. No, hay algo vital
añadido a lo puramente espectacular. ¡Cómpeta se conmueve ante tu locura de
amor! y así lo quiere expresar.
Pero, ¿qué
comentario, qué análisis podría yo anteponer a esa religiosidad popular?. Hay
quien tiende a suponer que dicha religiosidad y la fe están separadas. Verdad es
que quien piense así difícilmente se le ocurrirá acercarse a los desfiles
procesionales y a las distintas cofradías en general; pero si se acerca, se verá
en el dilema de cambiar de espíritu o de renegar ante ese extraordinario eco
evangélico.
Me vais
también a permitir una experiencia personal: Para mí cada procesión y cada acto
de la Semana Santa Competeña es como el dedo índice del Bautista. Cada culto me
señala al cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Me dice: “Ese es”.
Es por eso
por lo que huyendo del bullicio de la ciudad, casi todos los años, Tino, mis
hijos y yo, venimos aquí para mejor vivir la intimidad de ese, su profundo
amor.
Y antes de
pasar a contemplar todo lo relacionado con la Muerte y Resurrección de Nuestro
Señor Jesucristo, quiero agradecer a D. José Luis, nuestro párroco, a Uds.
cofrades, a quien aquí esté que represente algún cargo o autoridad, y a todos en
general la oportunidad que me dais de compartir unos sentimientos profundos ante
este extraordinario Misterio: todo un Dios hecho hombre, muere en una cruz y
resucita por nuestra salvación. Sentimientos que hacen vibrar mi corazón,
como también el vuestro. Aunque, eso sí, vengo como diría San Pablo, “temblando
y con miedo”, confiando en vuestra comprensión y benevolencia; y sobre todo
contando con el soplo del Espíritu, ya que no soy ninguna autoridad en dicha
materia y, además, como todos sabéis, tampoco soy de Cómpeta, aunque de verdad,
que una parte de mi corazón se siente como si lo fuera.
Nos centramos ya en
la celebración de mañana:
Domingo de Ramos
Comienza la Semana
Santa, llamada también Semana Mayor por la grandeza de los Sagrados Misterios
que vamos a celebrar.
Bendición y procesión de los Ramos.
Así comenzaremos.
A Jesús aclaman como
Mesías,
con palmeras y ramas
de olivo.
Sin espadas ni
caballos,
porque su cortejo lo
forman
las gentes sencillas
y también las
mujeres y los niños.
No es casualidad:
El Mesías quiere
marcar un nuevo estilo.
¿Recordáis?.
Él es manso y
humilde de corazón,
Por eso cabalga
sobre un pollino.
No alaban grandezas
humanas, no,
las alabanzas van
dirigidas a Dios.
Su gloria frente a
la del poder
fue la gloria del
amor.
Luchó por defender
la Verdad y la Vida,
el Derecho y la
Justicia.
Jesús entra
triunfante en Jerusalén
aunque no se
enteran,
casi nadie sabe que
la PAZ es su único poder.
Fue precisamente esa
ceguera
la que arrancó
lágrimas compasivas de Jesús.
Miércoles Santo
Viviremos ya de
lleno
la tragedia más
tremenda
que ha ocurrido en
la humanidad.
Contemplaremos a
través de una majestuosa imagen
el amor de nuestro
Dios que se deja cautivar
para darnos a
nosotros libertad.
Tus manos ataron,
Señor;
pero ¿por qué?.
¿Acaso no son santas
tus manos?.
¡Sagradas diría yo!.
Entonces ¿por qué?.
¡si sólo hicieron
bien!.
Pedro ¿acaso cuando
tu fe falló
no te extendió su
mano
y de las aguas te
rescató?.
Y tú, ciego ¿dónde
estás ahora?.
¿Acaso tus ojos no
tocó
y tu vista
devolvió?.
Sordomudo ¿es que no
abre tu oído
y tu lengua queda
suelta?.
¿prefieres acaso,
ahora,
que nunca te hubiera
tocado?.
Judas ¿por qué lo
entregas?.
¿Cómo olvidaste que
a ti también
su cuerpo te dio a
comer
y su sangre a
beber?.
Criado Malco, palpa
tu oreja derecha,
¿acaso no la deja Él
como si no te la
hubieran cortado?.
¿Acaso el pan no
comparte y reparte
y en su cuerpo
convierte?.
Por eso: toma Jesús
nuestras manos
para que con ellas,
hoy más que nunca,
nos sigas
acariciando.
Y después
contemplaremos el amor de un Dios que como Cordero indefenso y manso,
a la columna de la
soberbia humana se deja atar.
Pilato manda
azotarlo,
aunque no encuentra
culpa en Él.
Jesús pone su
espalda
y el sayón en ella
nuestras iras
descarga.
Las cuerdas
desgarran su piel.
Cada latigazo, para
mí un sacrilegio,
un perdón para Él.
Y cada herida, una
súplica:
¡Padre, ten
misericordia de ellos!.
Por eso ya nada
tenemos que temer.
Saldadas quedaron
todas nuestras deudas.
¿Quién podría hacer
eso,
sino sólo nuestro
Bien?.
Y atrás María, Ntra.
Sra. de los Dolores y María
/Magdalena .
¿Qué decir a una
madre
a la que cautivan al
Hijo de sus entrañas,
y al que con tanta
crueldad
torturan y
masacran?.
¿Cómo consolarla?.
¡Oh María, Señora de
los Dolores!,
en procesión Cómpeta
te pasea por sus calles,
porque quiere
comulgar contigo
la Pasión de tu Hijo
penitente.
Y tú, Myriam de
Magdala,
como de ti dijo un
poeta:
“No es plañidera a
sueldo
esta mujer que
llora.
Sólo mujer herida
desangrándose sola
en su silencio.”
Jueves Santo
Esa tarde se besaron
confundidos
el desamor humano de
ellos
con el amor divino
de Él.
Es la cena del
Servicio y el amor.
La fraterna
Eucaristía.
Cristo nos convoca y
reúne,
y porque
verdaderamente también es hombre
de los hombres
necesita.
Por eso sin ningún
pudor
un deseo muy de sus
adentros nos confía:
“Celebrar la Pascua
con nosotros
ardientemente
desea”.
Porque su amor no le
cabe dentro
nos quiere sus
compañeros.
Sí, eso es,
los que del mismo
Pan comen.
Pan que ya no es
pan.
Pan que es su propio
cuerpo:
¡Tesoro
incomparable...!
Por eso se rompe en
mil pedazos
y por eso se
comparte:
para dar la Vida
y quitar el hambre.
Esa tarde
renovaremos
la mayor Gracia, el
mayor Don.
¡Copa rebosante,
Sangre derramada
en alegría y con
dolor! .
No lo podremos
comprender,
tiene algo de
misterio.
Son cosas del Amor.
Comulgaremos
haciéndonos común
unión.
Y en la custodia del
monumento
Jesús Sacramentado
se expondrá.
Así toda Cómpeta
durante algunas horas
velando junto a Él
podrá gustar, aunque
misteriosa, su real presencia.
¡Sombras de la noche
donde Cristo nos dirá:
“Día a día vuestra
vida derramad,
como el grano de la
espiga
dejaos enterrar.
Vuestros bienes,
generosos compartir
y porque vuestra
recompensa sólo es Dios
sin medida la
gratuidad vivid!”.
Señor, sí,
aprenderemos a querernos,
rumiaremos tu
entrega
y paladearemos tu
Amor.
Amor infinito
que nuestra mente
nunca
podrá entender.
Lecturas, oraciones,
rosarios y
jaculatorias se dirán,
para que el sueño no
nos traicione
como a Pedro,
Santiago y Juan.
Y ¿qué más?...
Silencio…
Silencio para que
podamos oír sus confidencias.
Silencio para que
contemplando los misterios de su
/Pasión,
como la cera de la
vela encendida
se derrita mi
endurecido corazón.
A veces hay que
callar mucho para después poder hablar.
Y condenado a
muerte Nuestro Padre Jesús Nazareno,
sin pronunciar
palabra alguna
sobre sus hombros,
con paciencia,
va llevando la cruz.
Y así,
con el horizonte ya
cubierto,
nuestras calles de
nuevo bendice.
Pero… ¿por qué
Jesús?.
¿Por qué Tú llevas
esa cruz?.
Ella es solo mía.
¿Lo olvidas?.
¿Por qué con mis
pecados cargas Tú?.
Yo quiero tomar mi
cruz
y tras de Ti
seguir la huella de
tu paso
que van dejando tus
pies
malheridos y
descalzos.
Y Ntra. Sra. de los
Dolores y María Magdalena
van las dos detrás.
Pienso que su madre
les diría:
¡Por Dios! no
vociferéis más.
¡Qué es mi hijo!
¿sabéis?,
Él es inocente,
¿Es que no os
acordáis
que todo lo hizo
bien?.
No soporto tanta
tristeza y tanto dolor.
¡Vuestras bocas
sellad!.
Esos gritos como una
lanza
en mi corazón se
clavan.
No digáis nada,
¡por compasión,
callad!.
Y la otra María nos
dirá:
¡Consoladla, por
favor!.
A mí las palabras no
me salen
pues prisioneras de
mi pena son.
Sólo lágrimas por mi
rostro caen
y un nudo mi
garganta cierra;
por eso, ¡consoladla
vosotros,
que no puedo yo!.
Viernes Santo
¡Trágico día para
nosotros los cristianos!.
Celebramos el
patíbulo del Señor.
Y como alguien dijo:
“¿Quién puede
celebrar eso?.
¿Quién puede hacer
voluntariamente
de eso un orgullo,
un timbre de gloria,
un grito de
victoria?”.
Recordemos lo que
nos dice el Evangelio:
“Se oscureció el
sol,
por medio, el velo
del Templo se rasga…
y el Centurión
exclama:
¡verdaderamente,
este era Hijo de Dios!”.
Con el grito de Dios
crucificado
se cumple la misión
que nos fecunda.
Un escalofrío de
pies a cabeza
recorre mis huesos.
Larga y terrible fue
su agonía,
y al despuntar de
nuevo el día
todos los hombres de
Cómpeta,
bajo el peso de tu
trono, Señor,
el aire atruenan con
sus voces
pidiéndote mil veces
perdón.
Sólo el pensarlo
ya mi cuerpo
estremece.
Todos los hombres ¡Oh
mi Dios!;
también los que
vienen de lejos
una cita contigo
tienen.
Es su procesión.
¡La de los hombres,
Señor!.
Pero ¡qué difícil es
seguir tus pasos de
abandono y dolor!.
Aunque de eso se
trata,
de seguir tu huella
en el camino de la cruz.
Porque para ellos
el Santo Vía Crucis
no es una mera devoción.
Es camino de
compromiso y abnegación,
debilidad y fuerza,
pasión y compasión.
Ya que todos asumen
la locura
que la humanidad
cometió.
Y
después, representación de la Pasión del Señor.
¡Qué espectáculo más
dramático
que preferiría no
oír ni ver!.
Pero es necesario, a
lo vivo,
nunca olvidar
lo terrible que fue.
¡Qué sudores para
beber
el Cáliz de los
dolores!.
Y mientras tanto
tus discípulos
duermen, Señor.
Ellos no se enteran
de nada,
sólo uno sabe
entregar
al que su amistad y
amor le daba.
Judas, traidor,
¡espera por Dios!.
¿Con un beso
entregas
al que su Pan te
dio?.
¿Qué esperabas del
Galileo?.
Pero no fue mayor
que el nuestro tu pecado,
¡cuántas veces como
tú me comporto yo!.
Y como un malhechor
cualquiera, lo condenan
porque su gloria no
es la del poder.
Pedro asustado,
de lejos a su
maestro sigue,
por eso enfurecido
le niega diciendo:
“Mujer, no entiendo
lo que dices”.
Pero miró Jesús a
Pedro, entristecido,
y comienza éste a
llorar arrepentido.
Pilatos a Jesús
interroga:
¿Tú eres Rey?.
Yo soy Rey,
aunque mi reino no
es de este mundo.
No vengo a hacer
esclavos,
mas sí libres
hermanos.
Pilatos cobarde
aunque sabe que es inocente
injustamente lo
castiga.
He aquí lo que
hacemos
en quienes no se
pueden defender…
Esta es nuestra
justicia humana.
Y el que es pura
hermosura
como un desecho y
despojo queda.
No parece criatura
humana.
Al madero se agarra
Cristo Jesús.
El camino hacia el
Gólgota
es muy duro y
estrecho,
por eso las calles
de Cómpeta,
sirven de natural
escenario;
por su estructura
nos ayudarán a
imaginarlo.
Demasiado le pesa
la devastadora
gangrena de nuestro pecado.
Ya no puede más,
al suelo cae
extenuado.
Nuestra ayuda
necesita,
por eso al Cirineo
solidarizan
con la espantosa
tortura.
Lamento de mujeres
compasivas,
lágrimas de dolor y
desconsuelo.
El expolio, la
sangre, las espinas y los clavos,
una llaga de dolor
es el cuerpo entero.
Pero a pesar del
tormento,
de sus labios una
plegaria sale:
“Perdónales Padre,
porque no saben lo que hacen”.
Jesús, enséñame a
rezar,
a perdonar, a
disculpar.
Y para que veamos
que nunca es tarde
para convertirnos;
y para que nunca
digamos:
“¡este jamás tendrá
arreglo!”,
desde el mismo
suplicio,
mirando a Jesús a
los ojos
el buen ladrón
suplica:
“Acuérdate de mí,
cuando llegues a Tu
Reino”.
A la cruz en
espíritu abrazada,
está María,
su madre amada.
Y Jesús con un
fuerte grito,
su Espíritu al Padre
entrega.
¡Qué Dios tan
extraño,
morir Él para que
viva yo!.
El Redentor duerme
el eterno sueño de la muerte.
Ante tal
acontecimiento,
la naturaleza con
grandes temblores gime,
y las tinieblas se
adueñan de la tarde.
¡No te retrases,
Señor!.
Esperamos
impacientes la luz del nuevo Sol.
Oficios
del Viernes Santo: Exaltación de la Cruz.
“Hecho
obediente hasta la muerte
y muerte de Cruz”.
De nuestras
gargantas abiertas
saldrá un canto de
alabanza:
¡Victoria Tú
reinarás,
Oh Cruz Tú nos
salvarás!.
Y avergonzados,
apesadumbrados y humillados,
reconociendo que
nuestras maldades
fueron la causa de
su martirio
nuestros labios
besarán sus pies clavados.
Expuesta quedará la
Cruz
para que durante
todo el día
meditemos hasta
donde lo llevó
el celo por nuestra
salvación.
¡Qué tremenda fue su
enseñanza!
Se entregó sólo por
amor.
Como dijo S. Juan de
Ávila:
“De manera que,
mirándote, Señor, en
la Cruz
todo cuanto vieren
mis ojos,
todo convida al
amor:
el madero, la
figura,
el misterio y las
heridas de tu cuerpo”.
Después, ejercicio de las Siete Palabras:
Alguien con un don
especial
entonará siete
palabras cargadas de intenso amor.
Las siete palabras
que pronunció Jesús
desde el árbol de la
Cruz.
Ojalá que se
conserve,
que no se pierda
jamás
ese prodigio de
cante,
cante, con nuestro
estilo andaluz;
que será como un
preámbulo
que enmarque
cada contemplación.
Y más tarde
las cofradías sus imágenes sacarán a la Plaza.
Delante irá el Stmo.
Cristo Crucificado.
A nuestro Cristo por
las calles acompañaremos.
Mucho nos duele
verle crucificado.
Contemplaremos su
cuerpo desnudo y martirizado.
Por túnica, sólo las
espinas y los clavos.
Pero también
nosotros sus verdugos fuimos
porque en ese
momento se concentraba
toda la maldad de
este mundo:
Las grandes
injusticias,
los terribles odios,
las mentiras
inconfesables,
las sangrientas
violencias,
los pequeños miedos,
las ridículas
equivocaciones,
los frecuentes
engaños,
las inconscientes
omisiones,
y todos los pecados
de debilidad y opresiones.
¡Bendita Cruz que
todo lo humano recoge!.
Cristo, porque nos
ama,
gota tras gota,
toda su sangre
derrama.
Un profeta nos dice:
“Antes de que
llegaras a la existencia,
yo te elegí;
antes que te
formaras en el vientre materno,
yo te redimí;
antes de que
nacieras,
yo te amé”.
Y Ntra. Sra. de las
Angustias va después.
¡Qué lejos, Madre,
la cuna
y tus gozos de
Belén!.
¡Qué larga es la
distancia
de Jesús muerto a
Emmanuel!.
Como un sueño
recuerdas
todas las profecías
aquellas.
Sólo la mejor de las
madres
te podría entender.
Devuelven a María el
cuerpo de su Hijo,
frío y amoratado.
Sobre su regazo,
ella lo recoge inerte,
lo llora
desconsolada,
lo acaricia, lo
besa,
y contra su pecho,
como cuando era
niño,
lo aprieta y abraza.
Porque si no ¿qué
otra cosa puede hacer?.
Nada entiende su
mente humana.
En su blando corazón
de madre
todo lo sucedido
custodia y guarda.
No desfallece porque
la Esperanza la mantiene.
Bien sabe ella que
al tercer día
resucitado lo
volverá a ver;
pero ahora mismo que
densa es la niebla
que eclipsa su fe.
¡Madre mía!,
a semejanza de ellos
tu corazón
sangriento yo torturé.
Porque no sabía lo
que hacía,
a Él, igualmente
maté.
¡Misericordia,
Señora, Misericordia!,
que por algo “La
Piedad”
nosotros, tus hijos,
te llamamos también.
Y más tarde,
cuando el cielo se
viste de negro,
una gran tristeza
nos envuelve el alma.
De pronto la
muchedumbre calla.
Y con sumo respeto,
a pasito lento,
sobre los hombros se
mece
a nuestro Cristo
yerto.
Y en el profundo
silencio de la noche
se oye el eco de una
saeta
que el cielo recoge
como un oblativo
lamento.
Ante este doloroso
espectáculo
no se puede sólo
contemplar,
El Cuerpo yacente
del Hijo del Hombre
nos reclama un
intercambio
de amor sublime.
Tenemos que estar
dispuestos
a dar nuestra vida
como Jesús la dio.
Y Ntra. Sra.
sumergida en su pena
en fúnebre cortejo
sollozando sigue a
su Hijo muerto;
porque nadie como
ella,
comulga con sus
padecimientos.
Y contemplándolos
uno por uno
los irá besando.
Empezando por las
heridas
de sus pies y manos,
continuando con los
de su Espíritu
horriblemente
ultrajado.
Por eso la invocamos
como nuestra señora
del Consuelo.
La que después de
Dios mejor nos ama.
Cada vez que
tengamos un dolor,
una agonía, una
turbación,
siempre notaremos la
presencia
de nuestra Madre del
cielo.
Y aún más atrás
la Magdalena con su
ungüento irá
porque ella no está
convencida
de que al tercer día
iba a resucitar.
Y ya entrada la
noche,
nuestro dolor se
inundará
de una profunda
compasión,
al sacar la austera
imagen de la Soledad.
Hermosa procesión
acompañada por mujeres solas.
María con su negro
manto
va empapando la
sangre
que de su corazón
abierto está brotando.
¡Esa fue la espada
Madre!.
Como enajenada,
recordarás las palabras
que un día ¡ya tan
lejano!
el Ángel Gabriel te
comunicara:
“Será grande,
se llamará Hijo del
Altísimo,
su reino no tendrá
fin”.
Imposible razonar
nada.
Sólo te queda seguir
confiando.
Agarrar la
evidencia,
ésta es la terrible
tentación de la fe.
Y es que no nos
damos cuenta
que ella, la fe,
es como una lumbre
escondida
que calienta pero no
logramos ver.
Pero María, ante lo
absurdo,
no desespera
y a la mente le
viene el:
“Hágase en mí según
tu Palabra”.
A ella sólo le
bastaba
no cobijar la
carcoma de la duda
para mantenerse
erguida y no caer.
Nos conmueve su
inmenso dolor,
pero justo y
necesario fue;
porque …
¡qué pobres hubieran
quedado
las exequias de
Nuestro Señor,
si no le hubieran
acompañado ni siquiera
las lágrimas de la
que aquí más le amó!.
Cristo nació de un
seno virgen
y en un seno virgen
le dejan reposar.
Pero ya antes que
expirara
a su Santa Madre
por Madre nuestra
nos la quiso dejar.
¡Madre!
¿Qué mujer competeña
podría dejarte sola
traspasada por el
último puñal?.
No, todas,
aunque en espíritu
sea,
desgranado el Santo
Rosario
por las empinadas
calles de Cómpeta
arrepentidas de
nuestras culpas
te vamos a
acompañar.
Y cuando a la plaza
llegues,
un tumulto de
hombres te estará esperando
para llorar contigo
tu mismo llanto.
Sábado Santo
El Templo a
semejanza del de Jerusalén
como una casa
desierta y sin dueño
quedará vacío.
¡Jesús ha muerto!.
Sobre el altar,
el dulce madero nos
lo va a recordar.
Será un día gris,
un día para que en
nuestro interior
contemplemos y
adoremos.
¡Bendito árbol, el
árbol de la Cruz!.
¡Pero ánimo!:
Porque nos lo dijo
Él,
nuestra tristeza,
pronto se tornará en
gozosa alegría.
Porque el Redentor
quemó toda escritura de condenación.
Porque el demonio
fue vencido por el Amor.
Y éste será nuestro
consuelo:
“Al tercer día
resucitaré”.
¡Con qué ansias
esperamos la vigilia Pascual!.
La mejor fiesta del
cristiano,
la principal.
¡Qué despacio pasan
las horas!.
¡Paciencia!,
que nuestra
esperanza a punto está de brillar.
¿Veis?.
Por fin ya,
tras las montañas,
cede su brillo la
luz solar.
Es noche para estar
despiertos,
noche para vigilar.
El que es la Vida no
aguanta más;
el sepulcro estalla.
Que suerte tiene la
luna
porque sólo ella
puede ver
como
del seno de la
tierra
renace la nueva Luz,
la Vida nueva.
¡Cristo vive!.
¡Jesús está vivo!.
Ya recobran nuestras
luchas su sentido original,
el sentido que el
diablo un día
de un zarpazo
con sutil engaño,
de nuestras manos
arrebató.
En la noche de
Pascua
muere la muerte
y el Leño Verde
germina
y florece.
Del fuego bendito
nace un Cirio,
signo de Cristo
vivo,
lucero que no conoce
ocaso:
es el nuevo Cirio
Pascual.
Cantaremos un
cántico nuevo a nuestro Dios,
que ilumina esta
Noche Santa
con la gloria de la
resurrección.
La Santa Iglesia
llena de fe en la Palabra
va a contemplar
las maravillas que
realizó con su pueblo,
en Jesucristo,
nuestro Dios.
¡Oh noche singular y
dichosa
en la que Dios salva
y por el bautismo
nos devuelve
la dignidad filial!.
Noche de testimonio,
de alianza eterna
en la que cielo y
tierra
juntos
por siempre
caminarán.
Las tinieblas quedan
disipadas,
han perdido todo su
poder.
Cristo que con
esplendor
resucita,
nuestro corazón y
espíritu
ilumina
por los siglos de
los siglos.
¡Amén!.
Y ya para terminar,
unas horas después
la Vigilia Pascual
dará su venia
a la procesión de
Jesús resucitado.
Domingo de Pascua
Este día toda
Cómpeta
se impregnará de un
inmenso gozo
porque celebraremos
nuestra redención.
¡Qué grandes son los
deseos para acompañar al
/Resucitado!.
Acepta Señor como
ofrenda de desagravio
este desfile
procesional.
Es nuestra acción de
gracias.
Gracias por
devolvernos la amistad con Dios.
¡Gózate Virgen y
Madre!
Por fin llegó el
tercer día.
Ya se huele el buen
olor de Cristo.
Como el jazmín y el
nardo,
su victoria va
dejando en el ambiente
una estela que
perfuma y embriaga.
¿No ves la alegría
que hay a tu
alrededor?.
No es un sueño
María,
es tu Hijo
que venciendo a la
muerte
en un fuerte abrazo
se funde con su
Padre.
Y Dios
por su extremada
obediencia
lo aplaude y lo
besa.
Y es que la muerte
matando
fue derrotada.
Y Jesús muriendo
obtuvo victoria.
Madre mía.
La espada que Él
mismo te saca
al maldito fuego
eterno
queda arrojada.
De ahí que tu manto
ya no es color negro
sino azul
como el Cielo.
Y ¿qué decir de la
Magdalena en este día radiante?
pues que por su amor
fue la primera.
Ella, vestida de
blanco
se convierte, ya
redimida
en anuncio de la
otra vida.
Pues ojalá que
aunque por locos nos
tomen
y no nos crean,
como ella
del Resucitado
todos nosotros
testigos seamos.
¡Qué así sea!.