Mis queridos paisanos y hermanos todos.
Es un gran honor para mí, estar hoy aquí, en la
Iglesia de mi pueblo, ante mis paisanos, pronunciando el "PREGON" de nuestra
Semana Santa, o Semana Mayor.
La verdad, es que cuando nuestro párroco me pidió que
hiciera este servicio a nuestra comunidad, mis sentimientos fueron
contradictorios, es decir, que por un lado sentí una gran alegría, pues nada más
grato para mí, que poder resaltar la grandeza de nuestra Semana Mayor, vista
desde la humildad de las imágenes que procesionamos por las bonitas calles de
nuestro pueblo. Y por otro lado, veía que yo no soy la persona idónea, pues
entre mis muchas limitaciones, está la de hablar en público. Así que una vez
meditado el asunto y considerando que lo que se me estaba pidiendo era hablar
nada más y nada menos que de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor
Jesuscristo, y considerándome un cristiano comprometido con mi fe, no podía
decir que no. Y, aquí estoy, esperando que mis palabras nos sirvan a todos
para que nuestra fe, se pueda afianzar un poco más y que cuando contemplemos
la próxima semana los distintos tronos por nuestras calles, no nos quedemos sólo
en lo externo, sino que también nos ayuden a meditar, lo que todo un Dios
hecho verdadero hombre, hizo por todos nosotros hace dos mil años, y sigue
haciendo cada día.
Yo quiero que este pregón, no sea un pregón de pasión y
muerte, sino todo lo contrario. Quiero que sea un pregón de ESPERANZA,
por eso aunque iremos dando una visión sobre toda la pasión y muerte de Nuestro
Señor, no debemos olvidar que eso es sólo el camino imprescindible que escogío
Dios nuestro Padre, para llevarnos a la resurrección. Y aunque no parezca muy
lógico quiero empezar a hablar de eso: del DOMINGO DE RESURRECCION, pero
resurrección con mayúsculas\\ ya que la resurrección del Señor, no fue como la
podemos entender nosotros, y que sería una vuelta a nuestra vida normal después
de haber estado muerto. Cuando hablamos de su resurrección, no estamos hablando
de un paso atrás para volver a entrar en la vida de antes, sino de un
vertiginoso salto hacia delante para penetrar en la eternidad. La primera forma
sería un milagro. La segunda, además es un misterio. Que no es que aporte un
trozo más a la vida humana, sino que descubre una nueva forma de vida que jamás
volverá a estar limitada por la muerte. Y eso es lo que todos vamos a celebrar
dentro de una semana, cuando veamos por nuestras calles la imagen del Señor
resplandeciente triunfando sobre la muerte. Por eso su aspecto no es el de una
persona normal, sino el de una persona triunfante, que ha triunfado sobre la
muerte, de ahí que en su imagen de resucitado aún veamos las huellas de su
tremenda pasión, como son las cinco llagas de su cuerpo, como si el Señor
quisiera decirnos con esto que no hay VIDA AUTENTICA sin muerte real y
verdadera. Yo siempre recuerdo que de niño, palpaba el domingo de
resurrección como un día muy especial que se vivía de año en año. No recuerdo
ningún domingo de resureeción gris ni lluvioso, siempre han sido dias luminosos,
en los que tras la imagen del Señor, podiamos contemplar a las de la Santísima
Virgen, vestida de blanco, con su manto azul y el pelo ondulado, y la de María
Magdalena, igualmente transmitiendo alegría a través de los signos alegres que
le colocaban las personas encargadas de vestirla y adornarla para ese día. Pero
esos signos que de niños nos transmitían una alegría sin comparación con el
resto de los días del año, se pueden quedar sólo en eso, en recuerdos de niño,
si no sabemos asimilar el mensaje y celebrar de verdad la victoria del Señor
sobre la muerte. El cristiano que de verdad celebra esta victoria se
convierte como consecuencia en un sembrador de semillas de victoria. Ha de
cambatir los gusanos de muerte que se encuentran por todas partes. Ha de
comprometerse en la construcción de un pueblo nuevo, redimido: el pueblo de
la solidaridad, de la alegría, la esperanza y el esfuerzo creador. El cristiano
no puede vivir en un mundo aparte ni aislarse de los problemas de la gente.
Tiene que ser el "alma" del mundo y no puede parar hasta llenar el mundo de
vida. Pero sobre todo de esperanza en esa vida de RESURRECCION. Y cuando hablo
de mundo, hablo de toda clase de gente, desde los niños hasta los ancianos,
desde los más fuertes hasta los deficientes, desde los ricos a los pobres, desde
los sabios hasta los que no saben leer ni escribir. Y esta vida tiene que ser
una vida de calidad, la que hace crecer y gozar a la persona, la que irradia
energía de libertad y fraternidad, la que nace del amor y engendra más amor.
Pero todos sabemos que la Semana Santa comienza con
otro día igualmente alegre: El domingo de Ramos. Es el día en que el Señor,
entra en la ciudad Santa, en Jerusalen, montado sobre un pollino joven. Es el
día de la victoria del Señor. Todo el mundo lo aclama, pero muchos de ellos,
días mas tarde le van a llevar a la Cruz. Así es Dios y así somos los hombres. Y
nosotros, en el final del siglo XX, seguimos recordando la escena, y lo
procesionamos sobre un trono blanco. Y todos, niños y mayores le seguimos
aclamando con nuestras palmas y nuestros ramos de olivo. Y si no queremos
quedarnos sólo en lo superficial, si queremos ahondar un poco más en lo que
estamos contemplando, no nos queda más remedio que fijarnos en los signos. Y yo
destacaría tres signos esenciales en este día del Domingo de Ramos que nos
ayudarán a vivir con más intensidad nuestro cristianismo.
1.- El señor entra en Jerusalen montado sobre un pollino:
signo de humildad. El, todo un Dios, viene a mostrarse a su pueblo que lo
recibe como a su Rey y Salvador. Pero al contrario de lo que se podría esperar,
no viene montado a caballo ni redeado de sus ejércitos para tomar posesión del
territorio conquistado, sino que con su humildad viene
a conquitar nuestros corazones. Y los quiere conquistar para que nosotros seamos también humildes, para
que vivamos esa virtud en nuestras casas, con nuestras familias, en nuestros
trabajos, con nuestros vecinos. Vamos a vencer la soberbia, vamos a llenar el
mundo de humildad. Esa es nuestra tarea. Eso es lo que nos pide, todo un REY,
montado sobre un pollino.
2.- El pueblo lo aclama como Rey, con ramos de
olivo en las manos y es procesionado sobre un trono blanco:
ambos son signo de PAZ. Es la paz que baja del cielo y que camina sobre
un pollino, humilde y desarmado. Esta vez el ramo de la paz no lo lleva en el
pico una paloma, sino las manos de los que ese día salimos a su encuentro. Y esa
paz que Cristo nos trae, no es la paz aparente de la sumisión incondicional,
sino que tiene unas características muy concretas:
La paz de Cristo es superación de toda violencia,
de toda enemistad, de todo rencor y venganza. El enemigo será vencido no
con venganza, sino con perdón. Es el mensaje que Cristo quiere transmitir y
que los cristianos tenemos que hacer nuestro. ¡Qué criterios tan distintos
los que vemos normalmente a nuestro alrededor!.
La paz de Cristo es lucha contra toda injusticia, que
es la primera y principal raiz de toda guerra.
La paz de Cristo no es cobarde ni conformista, es
comprometida
y tiene que tomar partido siempre a favor del débil y del marginado.
La paz de Cristo camina sobre las cuatro patas del
pollino, que son: LA VERDAD, LA JUSTICIA, LA LIBERTAD Y EL AMOR. Cuatro
virtudes que cambiarian el mundo si los cristianos nos lo tomásemos en serio.
La paz de Cristo nos trae su SALVACION.
3.- Es aclamado como Rey: Signo de Victoria del bien
sobre el mal. Su victoria no es una victoria al estilo humano, aquí no
hay éxitos militares o económicos, no se ha ganado una sola batalla. No se
exiben carros de guerra ni legiones de soldados. En el cortejo no hay
megistrados ni gobernadores. No se ha conseguido rebajar los tributos ni se ha
conseguido ningún rico botín para favorecer a los pobres. El cortejo triunfal
que acompaña al Señor está compuesto por pobres, mujeres, niños y gente
sencilla. La victoria de Cristo no va en linea de poder, sino de AMOR\\ no en
linea de tener, sino en dar, no en linea de matar, sino de dar VIDA. Su espada
no va dirigida contra el hombre, sino contra el mal que hay en el hombre y
contra el mal que hay en el mundo, contra todo lo que provoca el pecado.
Y ya nos adentramos en el miércoles Santo, día en el
que procesionamos las imágenes del Señor, Cautivo y Atado a la columna donde fue
brutalmente azotado. Y al igual que en el comentario del Domingo de Ramos, yo
quisiera tambien profundizar en los signos que nos transmiten estas imágenes. Yo
destacaría de la imagen del Señor Cautivo, sobre todo su mirada serena, en el
momento en que va camino de ser injustamente juzgado por un delito que no ha
cometido, y cuando acaba de ser traicionado por sus discípulos, primero
Judas, que lo vende, y al que llama amigo en el momento en que lo entrega, y
después Pedro que lo niega, y todos los demás que huyen despavoridos. Pero yo me
quedaría con la mirada del Señor a Pedro en el momento en que espera ser
juzgado. Esa misma mirada que transmite: Serenidad, amor, comprensión, dulzura,
disculpa, perdón..., chocó totalmente de frente con el corazón duro y
obstinado de Judas, y al encontrarse con los ojos de Pedro, producen en él tal
sensación, que jamás la olvidaría. Fue una mirada de tal ternura, que fue mucho
más irresistible que si hubiera sido una mirada de enojo. En aquellas décimas de
segundo, Pedro rivivió los tres años que había pasado junto a su maestro, junto
al Señor. Aquella mirada le había dicho más que mil palabras. Quizá Pedro
hubiera preferido que su maestro, su amigo, le hubiera dicho algún reproche, o
incluso lo hubiera acusado de traidor. Pero aquella mirada mansa,
dolorida...\\ mirada de soledad, no pudo resistirla. Por eso lloró amargamente.
Pero fué un llanto purificador y de arrepentimiento\\ y conforme se fue
separando de Jesús, se dió cuenta de que el amor que sentía por el Maestro había
crecido y madurado como nunca podía haber imaginado. Y el Señor sigue
enseñándonos. Con esta actitud nos enseña fidelidad. ¿Cómo es nuestra fidelidad
a las personas que queremos?. ¿Somos fieles sólo cuando esperamos algo a cambio,
o cuando nos resulta fácil esa fidelidad, porque sabemos que somos
correspondidos?. El Señor lo fue a pesar de las traiciones de sus amigos.
Que cuando le contemplemos por nuestras calles, nos
acordemos de que la misma mirada que ofreció a Pedro, nos sigue ofreciendo a
nosotros cada día, cada instante, a pesar de nuestras infidelidades.
Y a continuación podemos contemplar la imágen de Jesus
Atado a la columna donde fue brutalmente azotado. Y en esta ocasión, no podemos
olvidar que esos azotes, fueron fruto de la indecisión y la cobardía de un
hombre importante: Pilato, que queriendo complacer a todos, no fue capaz de
hacer valer su opinión y salvar al justo. ¿Cuántas veces, Dios mio, se causa
daño a los inocentes, por la cobardía y la indecisión de los hombres?. ¡Cómo nos
gusta quedar bién, aún a costa de los demás!. ¡Cómo se llega a valorar más el
propio prestigio que la vida de los otros!. Y una vez que fue tan
brutalmente azotado, a alguien se le ocurrió la brillante idea de "coronarle"
como Rey, con una corona de espinas. Seguramente pensaban que aún no había
sufrido bastante. Y sin saberlo, es verdad que lo coronaron Rey. Rey de toda la
humanidad. Pero un Rey distinto. No reinó sobre ningún territorio ni nación.
Reinó y sigue y seguirá reinando sobre todos los corazones de buena voluntad.
¿No hay ninguno de nosotros que quiera darle su corazón para que reine en él?.
El nos necesita para concluir su obra, y que cada vez sean más los corazones en
los que El reine.
Al día siguiente, jueves, en nuestras calles se pueden
observar a los nazarenos que van a compañar a Nuestro Padre Jesus con la cruz a
cuestas, con sus túnicas moradas, signo de penitencia. Es el preámbulo de lo que
un rato más tarde veremos en perfecta formación. Es el signo que distingue al
Jueves Santo de los demás días de la Semana Santa. Y este signo de penitencia,
nos viene a decir que ha llegado la hora de reparar tanto daño como le causaron
a nuestro Dios. Penitencia... Reparación..., es lo que El nos está pidiendo
con su gesto afable, como si nos dijera: Necesito de vosotros, de todos
vosotros, para poder llevar a cabo mi obra. Yo cargo con vuestros pecados en
esta pesada Cruz, pero os necesito. Y esa noche, en nuestro pueblo, habrá
cientos de hombres que queramos ser Cireneos, para ayudarle a cargar con la
pesada Cruz. Y cientos de mujeres que quieran ser Verónicas, para enjugar su
rostro, y aliviar su tremendo dolor, tanto físico como sicológico. Y muchas
querrán ser como aquellas mujeres de Jerusalen, que con sus palabras de aliento
y sus lágrimas intentaban darle ánimo. Pero El nos dice hoy: aunque hayan pasado
dos mil años, os sigo necesitando. Cada vez que ayudéis a los más
necesitados, a mi me estáis ayudando. Cada vez que carguéis con vuestras cruces
de cada día, me seguís ayudando. Y en medio del terrible camino, hay un
encuentro que le consuela y reconforta mucho más que ningún otro: ¡"SU
MADRE", "NUESTRA MADRE!". Es el encuentro entre el dolor y el amor. Ella no
puede hacer nada, ni siquiera lo del Cireneo o la Verónica. Sólo puede mirar,
aceptar, compartir el dolor y guardarlo en su corazón. ¡Es la mejor ayuda!.
El Señor sabía que ya no caminaba solo. Era la Virgen de los Dolores.
Y por fín, el Viernes Santo. En la madrugada, el
pueblo es un hervidero de hombres. Todos le queremos acompañar en el Via-Crucis.
Procesionamos la imagen del Señor muerto en la cruz, que también será
procesionada por la noche. Pero por la mañana... es distinto. Es costumbre que
los hombres que portan el trono, vayan provistos de la clásica capa española. Y
aún el hombre más humilde, con esa capa y portando un trono con la imágen del
Señor o de la Virgen, se transforma y se convierte en el más importante, no por
él mismo, sino por lo que está haciendo en ese momento. Está conduciendo por
nuestras calles, nada más y nada menos que la imágen del Señor, muerto. Pero
recordando el camino del Calvario. Son quince estaciones, en las que estamos
comportándonos como El quiere. En el Evangelio de San Lucas, nos dice: "El que
no lleve su cruz y venga en pos de Mí, no puede ser discípulo mio". Y de eso se
trata, de seguir a Jesús en el camino de la Cruz. Pero no un seguimiento de
lejos, curioso, superficial. El Viernes Santo le vamos a seguir, identificados
con El, conscientes de que el camino de la Cruz es también el camino de la Luz,
que es a la vez camino de dolor y camino de esperanza. Y todo aquel que venga de
fuera para "ver" nuestro Via-Crucis, no va a poder comprender cómo todos los
hombres de un pueblo rezamos y cantamos unánimes al Señor en la Cruz, y cómo
todos juntos nos animamos a ser mejores cristianos, y no nos importa lo que
digan, sabemos muy bién lo que hacemos y por qué lo hacemos y nuestro testimonio
hablará por nosotros.
Y este pregonero da gracias al Señor nuestro Dios y le
pide fuerzas para poder cumplir este año con la grata misión de ser portador del
trono en esa madrugada del Viernes Santo. Y le pide fuerzas, no físicas, que de
verdad voy a necesitar, sino tambien y sobre todo, fuerza de ánimo, para poder
soportar la emoción de sentir su peso sobre mis hombros, por todo un
recorrido de muerte y de vida. ¡Señor: dame ánimo cuando vayamos por calle
Sevilla, y vea tus brazos abiertos cómo casi tocan las paredes y los balcones a
ambos lados, como queriendo decirnos: No os preocupeis, pues con mi muerte
en cruz, que sufro por todos vosotros, siempre os voy a tener presentes, y con
el leño vertical, nos indicarás que sólo Tú nos llevas a Dios Padre, que no hay
otro camino que Tú. Y con el leño horizontal, nos estás diciendo, que nunca nos
vas a dejar en nuestra dimensión humana. Que sólo Tú nos puedes ayudar en
nuestros problemas. Que cuando los tengamos, no dudemos en acudir a Tí, ya
que solo Tú eres CAMINO, VERDAD Y VIDA. Y todos nosotros, seguiremos
cantando nuestras canciones de penitencia. Mil roncas voces, te cantarán a Tí,
que eres nuestro Dios y nuestro Hermano. Nuestros gritos llegarán unánimes hasta
el cielo y pedirán muchas cosas para nuestro pueblo y para cada uno de nosotros.
Pediremos trabajo y justicia social\\ pediremos comprensión de unos para con
otros\\ pediremos honradez para cada uno de nosotros, y pediremos en fin, que
con tu ayuda, cada vez nos parezcamos más a Tí, y pereciéndonos a Tí, cada
uno de nosotros, nuestro pueblo se transforme, y transformándose, ayudemos a
transformar nuestro País, que tan necesitando está de PAZ AUTENTICA, la
PAZ que solo Tú puedes darnos, si de verdad estamos dispuestos a cambiar
nuestros comportamientos, convencidos, de que sólo por el cambio de cada uno
de nosotros se puede cambiar el mundo. Ese es tu gran mensaje. Señor ¡Que no se
nos olvide!. Y decía antes, que este camino es un camino
de muerte y de vida. Y no es por casualidad que nuestro recorrido tenga su punto
más lejano del Templo, en el Cementerio. Campo Santo. Lugar de los muertos. A
donde, según nuestra Fe, Tú con tu muerte, descendiste. Pero que gracias a tu
muerte, ésta es para todos nosotros solo un tránsito hacia la vida eterna. Por eso nuestro regreso, es de nuevo al Tamplo, a nuestra Iglesia. La de todos
nosotros, y no de unos pocos, como muchos creen, precisamente, los que no suelen
acudir a ella. Y en la que Tú siempre nos estás esperando, VIVO en el Sagrario.
Y en la noche, de nuevo la imágen del Crucificado por nuestras calles, pero esta
vez seguida por la de la Virgen de las Angustias. Ya todo se había consumado.
Ella con su hijo roto en sus brazos y con la mirada dirigida al cielo,
ofreciéndolo al Padre. ¡Que lejos quedan el pesebre y tus gozos de Belén!.
El cuerpo del Señor descansa en los brazos de la Virgen. ¡Qué diferencia entre
la dureza de la Cruz y estos brazos acogedores!. ¡Qué lección para todos
nosotros, cuando surgen los problemas y las dificultades!. ¡Qué confianza en el
Padre!.
Y a continuación, el cuerpo del Señor, en el
sepulcro. ¡Qué paz!. ¡Qué descanso!. ¡Qué silencio!. ¡Qué esperanza!. Porque
como decíamos antes, la sepultura no es el fin, sino el principio de una vida
que no termina. Es el grano de trigo que muere para "dar vida, y vida en
abundancia".
Pero aún nuestras vivencias no han terminado. Nuestro
pueblo no quiere ser desagradecido. Y agrecede a Jesús, pero también a su Madre.
Y por eso no puede dejar sola a la Virgen de la Soledad.
La misma que antes ha sido la Virgen de los Dolores, en la madrugada del
Viernas al Sábado, se quedó sola, pero no en nuestro pueblo. Aqui no. Nuestras
mujeres se encargan de eso. Ellas saben como nadie acompañar y consolar a la
Madre. Y de nuevo se lanzan en su busca y la
acompañan por nuestras calles. Con sus rezos y sus cantos le están rindiendo su
homenaje. Es su agredecimiento. ¡Qué soledad!\\ todos se habían
marchado. Unos por miedo y otros por prudencia y respeto. Y nosotros no la
dejaremos ya nunca más. Ella siempre reinará en nuestros corazones.
Y esa noche, el trono, sólo puede ser portado por
hombres casados, según es tradicional. Es como si dijésemos a nuestra Madre, la
Virgen de la Soledad: Cuida de nuestras familias. Mira el sacrificio de
nuestros hombres portando tu trono y cuida de ellos. Dáles fuerzas. Tú que
momentos antes, al pie de la Cruz, aceptabas ser la madre de todos los hombres,
protege nuestras familias de tantos ataques como sufren en esta sociedad, donde
sólo prima al ser importante y el tener bienes materiales. Que los cabezas de
familias cristianas sepamos asumir nuestra responsabilidad y no nos dejemos
arrastrar.
Y no quiero dejar de resaltar, la presencia en
nuestros desfiles, del trono de Santa María Magdalena. Ella, la pecadora. De la
que el Señor expulsó siete demonios. A la que nadie fue capaz de condenar,
porque todos se sintieron culpables, y a la que el Señor tampoco condenó y
despidió diciéndole: "vete en Paz y no peques más". La seguidora fiel del
Señor. La primera a la que se apareció una vez resucitado, porque ella fue la
primera que acudió al sepulcro para embalsamar el cuerpo de su Maestro. La más
fiel de sus discípulos, junto con San Juan. Ella no temió a los romanos ni a los
escribas y fariseos. Ejemplo de mujer fuerte, capaz de amar y de sufrir hasta lo
máximo, como sólo una mujer puede hacer. Ella debe servirnos de ejemplo a todos
nosotros, pecadores, para que como ella, sepamos reconducir nuestras vidas, y
con la ayuda del Señor y manteniéndonos siempre a su lado, hagamos mas humano y
mas divino nuestro pueblo. ¡Se tiene que notar, no solo en Semana Santa, que
en Cómpeta somos cristianos!.
Y una vez hecho este recorrido por cada uno de los
pasos de nuestras procesiones, que en definitiva, como hemos visto, no es otra
cosa que revivir los momentos más importantes de la Pasión, muerte y
resurrección del Señor, no quiero dejar de resaltar los demás actos que vamos a
vivir en esta Semana que empieza mañana, y que en definitiva, van a ayudarnos a
interiorizar todas estas vivencias, que vamos a contemplar cuando veamos las
procesiones.
Si importante, es dar realce a nuestras procesiones,
todo ello sería en vano, si no participamos de los actos litúrgicos que se van a
desarrollar en nuestra Parroquia y que no son otra cosa que expresión del amor
que Dios tiene a los hombres. Porque en definitiva, todos estos misterios que
contemplamos, no son otra cosa que el reflejo del amor de Dios. Y Jesucristo,
como hemos visto no hizo otra cosa en su vida que no fuera por amor. Siempre
dispuesto a hacer el bién a los demás. Y en estos días, su amor, rompe el dique
de contención y se desborda sin límites. En El, la medida del amor, es el
amor sin medida.
Y así, cuando participemos sobre todo en los actos de
la Cena del Señor, el próximo Jueves Santo\\ en el Sermón de las Siete Palabras
y en la conmemoración de su muerte, el Viernes Santo, y sobre todo, en la Vigilia de la Pascua de Resureección en la madrugada del Sábado al Domingo, no
estaremos haciendo otra cosa que reviviendo y palpando, el AMOR INMENSO DE DIOS
A LOS HOMBRES.
Y por último, quiero rendir un público homenaje, a
todas aquellas personas que de una manera u otra hacen posible que la Semana
Santa vivida en Cómpeta, sea diferente a las demás. Por eso todos los que somos
de aquí pero que no tenemos la suerte de vivir en nuestro pueblo todo el año,
hacemos todo lo posible por escaparnos estos días, sabedores, que en Cómpeta, este trozo del Paraiso que Dios quiso colocar al pie de nuestra sierra, la
Semana Santa se "VIVE" de otra manera.
Y este homenaje va dirigido, en primer lugar a Carlos,
nuestro párroco, nuestro pastor, sin cuya colaboración y estímulo, todo nuestro
esfuerzo sería en vano. A los componentes de la Banda de Cornetas y Tambores,
que hacen posible que sea procesionado el Paso de Jesús a su Entrada en
Jerusalén (Pollinica). A José Luis Fernández López, Cesáreo Fernández Fernández,
Aurelio Navas Avila, Antonio Navas Ruiz, Luis Ruiz Ruiz, y Jesus Ruiz Ortiz, que
ponen su trabajo y esfuerzo para que sean procesionados Nuestro Padre Jesus
Cautivo, el miércoles Santo, y Nuestro Padre Jesús con la Cruz a cuestras, el
Jueves Santo. A Antonio Navas Moreno, Joaquin Escalona Martín, y Manuel Escalona
Salazar, por Nuestro Padre Jesús de la Columna. Octavio López Ruiz, Jose Antonio
Lopez Ruiz, Francisco Recio Fernádez, José Angel Cebrero Fernández y Alvaro
Navas Ruiz, de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, haciendo mención
especial de dos mujeres: Dolores López López y Trinidad Avila Ruiz, que tanto
han trabajado para poder conseguir el nuevo palio y el nuevo manto de la Virgen.
Eugenia Navas Portales, Laureano Castán Requena, Juan Antonio Moreno Portales y
Juan Pablo Cabra Martín, por María Magdalena. Francisco Requena Muñoz y Jesús
Portales Requena, que hacen posible la procesión del Crucificado y de Santo
Sepulcro. Haciendo mención especial a Felix Castán Requena, que aunque este año
no ha participado, todos sabemos de sus largos años de didicación al Santo
Cristo, con una fe y abnegación dignas de todo elogio. La Familia Tejeiro Garcia,
por la Virgen de las Angustias. Y por último, hacer mención de la agrupación,
cuyo presidente Cesáreo Fernández Fernández y Secretario Francisco Recio
Fernández, así como todos los demás miembros, tienen la responsabilidad de la
procesión del Señor Resucitado, y a todos los que de una forma u otra tabajan y
han trabajado para hacer posible cada año la celebración que estamos anunciando
hoy. Pido perdón, si por olvido involuntario he dejado de nombrar a alguien,
pero aunque a mi se me olvide, a Dios, no. A todos vosotros nuestro
agradecimiento y reconocimiento, sabedores de que de alguna manera Dios os ha
elegido para dar este testimonio ante los demás. Vuestra misión es muy
importante, pues se trata, nada más y nada menos, de llevar a la calle durante
una semana, lo que vivimos en el corazón, a través de todo un año. Este es
el sentido de las cofradías. Así nacieron en la edad media, y ésta tiene que
seguir siendo, por voluntad de Dios, su misión, en los umbrales del siglo XXI.
Y Vosotros sois los encargados de que esta misión no se desvirtúe. Dios tiene
que salir a la calle. No lo podemos arrinconar en las Iglesias. Y tiene que
salir a la calle a través de nuestro testimonio y a través de las imágenes que
procesionamos. A través de nuestro testimonio es misión de todos los
cristianos, de todos los que estamos aquí, y como todos nosotros nos lo vamos a
tomar muy en serio, nuestro pueblo, yo os aseguro que va a echar a arder,
pero no con el fuego que destruye, sino con el fuego de Cristo, que une y
purifica por el amor. Y a través de las imágenes, es, en Cómpeta, misión
vuestra. Esta es nuestra gran misión y este es nuestro reto para el siglo
XXI.
Y no es por casualidad que os haya citado a todos
vosotros con vuestros nombres y apellidos, pues es así como os tiene Dios
escritos en el LIBRO DE LA VIDA, por estar cumpliendo el encargo que El mismo os
ha hecho.
Y quiero terminar con un himno, tomado de la Liturgia
de la Iglesia. Dice así:
Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde\\
decid, si preguntan donde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde.
MUCHAS GRACIAS POR VUESTRA ATENCION.
PREGON DE SEMANA SANTA
PRONUNCIADO EN LA PARROQUIA DE
NTRA. SRA. DE LA ASUNCION, POR
FLORENTINO
A. LÓPEZ LÓPEZ