Desde el
cortijo de Don Lucas se divisa, Señor, tu pueblo, dormido, blanco, fuertemente
abrazadas sus casas a la torre, prolongación de tu Templo como eje principal
sobre el que todo gira…calles, tejados, edificios, campos y sierras circundando
Su gloria que no es más que la gloria de quien allí habita y mora. La gloria de
quien un día volverá para juzgar a vivos y muertos.
A la vuelta
del camino me sumo a la contemplación de la luz encontrándose con la cal en el
clamor del silencio de la mañana que no es más que la misericordia de Dios
derramada sobre la tierra. El pueblo duerme y me quedo sumida en la
contemplación ahora de mis pensamientos que no son otros que “el Señor guarda mi
casa…” Él guía mis pasos y me trae de vuelta. Y vuelvo esta vez Señor para
pregonar tu Semana Santa. La Semana Santa competeña y creo, francamente, que
nunca he vuelto con una responsabilidad tan grande como la que se me ha ofrecido
y como la que vengo a hacer. Vengo a cantaros lo que yo he vivido y lo que yo he
conocido, lo que todos sabemos porque nos lo cuentan nuestros mayores pero que a
todos “nos gusta recordar”.
En primer
lugar, permítanmelo, me quiero confraternizar con todos aquellos pregoneros que
me han precedido y a los que desde ya me uno. El Señor, mediante este encargo me
ha hecho comprender que pregonar no es tarea fácil. Y no es fácil porque cómo
decir todo lo que una lleva dentro, treinta y tres años vividos y ni uno solo
perdido de semana santa en Cómpeta porque yo nunca he querido conocer otra. Sólo
en Cómpeta puedo vivir el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Nuestro Señor Jesucristo. Primero lo viví como niña, luego como joven y ahora
que lo vivo de mayor: pues con más ganas. Quiero decir que desde muy niña,
cuando entonces estaba Don Jesús al cargo de la parroquia, yo me he sentido muy
mimada por Dios porque en cierto modo, siempre he tenido la oportunidad de leer
para Él. Digo para Él porque yo recuerdo que en mis oraciones rezaba:”Señor yo
quiero leer para ti” y Nuestro Señor me ha venido concediendo esa gracia durante
muchos años, la de servir a su palabra (como me enseñara Nieves Espejo) en
nuestra iglesia de Cómpeta. Esto es divertido porque con Don Jesús, siendo yo
una de las primeras niñas monaguillas en la humilde historia de esta villa,
siempre leiamos la misma lectura y los mismos salmos. Así que cuando me di
cuenta, siendo yo una mica, me sabía de carretilla (aún hoy la puedo recitar)
la primera carta del apóstol San Juan y el salmo 23: “El Señor es mi pastor nada
me falta” o el salmo 103: “El Señor es compasivo y misericordioso” cuando
variábamos. Mi recuerdo entrañable también ahora para nuestro querido párroco D.
Jesús que me enseñó a solfear, que puso en mi voz por primera vez la Palabra de
Dios, que me dio la Primera Comunión y que me enseñó con su humildad la alegría
y el amor de vivir la eucaristía en un ambiente tan sencillo y feliz envuelto en
el olor permanente de la cera cuando los velillas eran de cera y aquel cuadro
de mujeres mayores vestidas con sus toquillas negras que me escucharon de niña
y que hoy me gustaría que me escucharan desde la gloria porque seguro que allí
están.
Con D.
Carlos viví la Eucaristía de una forma adulta, más profunda y cercana. El Señor
otra vez me concedió la gracia de acercarme a su ambón para leer la monición de
entrada en cada celebración y la dicha de ser en numerables ocasiones lectora de
la lectura de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo en Viernes Santo.
Don José
Luis me brindó la oportunidad de seguir trabajando para nuestra iglesia desde
fuera y tuve algunas pequeñas colaboraciones en la revista Emaús que viene
publicando la parroquia, escribiendo en algunas ocasiones el libro y el santo
del mes. Pero es, sin duda, la representación de la pasión de Nuestro Señor
Jesucristo en la plaza y por las calles hasta el monte, lo que a mi más me gusta
hacer al lado de este querido sacerdote. Su capacidad y su vitalidad para poner
en escena de una forma tan bella y sencilla todo lo que aquello representó. La
primera vez participé de “pueblo” de la mano de Coral. La segunda fui la
narradora. Y en esta tercera quisiera también poder participar de alguna manera.
A D. José
Luis, nuestro párroco y a las hermandades les agradezco profundamente que se
acordaran de mi para la elaboración de este pregón y espero con toda mi alma
no defraudaros. Para todos vosotros mis saludos y mi cariño, especialmente para
mi familia, mis amigos y para la junta de cofradías.
Permitidme
que me adentre en la Semana Santa de Cómpeta, desde el Domingo de Ramos hasta el
Domingo de Resurrección y Gloria. Permitidme en este Año Santo Jubilar ser una
peregrina más como en su día lo fue Jesús por tierras de Galilea, paseando, esta
vez, junto a Él, a través de nuestras calles. Permitidme que recuerde mi
infancia y las anécdotas que me contaron, permitidme la mirada de niña.
Si los
pregones son o deben ser el pórtico de la Semana Santa sirva este al igual que
todos los anteriores como preludio de lo que aquí va a acontecer, de cómo
vivimos y sentimos los competeños LA MUERTE, PASÍÓN Y RESURRECCIÓN DE NUESTRO
SEÑOR JESUCRISTO.
Desde
siempre Cómpeta es un pueblo eminentemente religioso si por religioso entendemos
estar unidos a Dios por medio de la fe. Aquí la Semana Santa la vivimos desde
la óptica del misterio pascual y “Pascua” significa: Paso de la Muerte a la
Vida. Es un pueblo comprometido con su fe desde tiempo inmemorial. Una fe que
hemos heredado de nuestros mayores y una fe que hoy nos exige un compromiso con
los que nos rodean. Una fe que se manifiesta de muchas maneras: en la iglesia
con el culto y en las calles con las procesiones. Gracias a la gran labor de las
cofradías, Cristo se aproxima cada año a su pueblo mostrando el sufrimiento, la
pasión, su muerte y su Resurrección en sus tallas bellas y sencillas.
Mañana del Domingo de Ramos,
mañana de primavera. Ya puedo oler el azahar de la ermita que te custodia y te
venera. ¡Tantos años Señor, buscándote de puntillas! ¡Tú qué bien guardado a
todas horas!, fuese a la que fuese aquella chiquilla. Encerrado Tú allí, yo a
mirarte por la rejilla. Rejilla de la Ermita de San Antón que como un secreto en
penumbra buscábamos con nuestros ojos de niños a Nuestro Señor de la
borriquilla. La ermita en silencio vigila, no duerme, aguarda todo el año: ¡Tu
salida! Y tú eres su mayor tesoro, Jesús de la borriquita, su ermitaño más fiel,
¡El que mejor la cuida! ermita de San Antón, ¡qué hermosa y chiquita! ermita de
San Antón, ¡Ermita bendita!
Ya llegan los fieles. Es
temprano en la mañana. Por el valle hacia arriba asciende levemente una suave
brisa marina embadurnada de olores, perfumada de naranjos, olivos y limones.
Viene alegre trepando por arroyos y cantos de acequias. Viene subiendo laderas
de para traerte aromas de luz y radiante primavera que poco a poco se van
anunciando cuando ya en San Antón las sombras se cubren de sol y todo el mundo
te espera.
Sol dominical de las mañanas del Domingo de Ramos, palmas y
ramos de olivo por encima de las cabezas y casi a ras del suelo, los hombres te
sacan y te cargan y te suben y tú Señor, casi atrapando el aire: ¡te elevas!
¡Mirad qué bonita está un año más la borriquita! Y Jesús qué mirada tan serena,
tan limpia y tan fija. Los niños más pequeños, sentados en los hombros de sus
padres, la señalan -¡Mira, papá, es el Señor de la borriquita!
Pasan las palmas, pasan los ramos, avanza la comitiva y
detrás viene el Señor con su manto púrpura montado en un asnillo lililla, trono
de oro y blanco, ¡hacia la iglesia desde su ermita! Y a tu paso, Señor, yo soy
una niña que te acompaña y te mira en procesión con alegría, escuchando los
cantos, sintiendo la brisa... paseo de San Antón: aquel que fue de limoneros y
naranjos otro día, el mar siempre de fondo, tras el verde el azul, más allá de
una barandilla. Suenan las voces de las guitarras y el salmista ya entona el
salmo 121 y nos ayuda a orar. Y mientras Tú sigues avanzando, señalando el
camino, ¡Señor!, al pasar por las escuelas, voy escuchando la voz, Tu Voz:
Levanto mis ojos a los montes...(Salmo 121)
A estos montes de Cómpeta, a
esos que se derraman ahora en el transcurso de tu llegada, Señor, por esta calle
larga de fachadas blancas. A estos montes tras las casas de la Sierra Almijara
que salen también a tu encuentro en esta mañana de sol para postrarse a tus
plantas. “ Levanto mis ojos a los montes” de olivos verdes, de aguas puras, de
tomillo y jara. ¡Montes de las Sierras Tejeda y Almijara!
Levanto mis
ojos a los montes
que no duerme
el que te guarda
el que hizo el
cielo y la tierra
el que guarda
tu alma
¡tu corazón y
tu casa!
La gente va bien vestida, se
reparten sonrisas. El pueblo de Cómpeta avanza por la calle San Antonio
seguidito seguidito pasando por mi puerta hasta la plaza. Y al volver la esquina
de Lucía, Señor, te encuentras por vez primera con tu iglesia y la torre ocre y
amarilla que desde su altura contempla la procesión de tus fieles y tu trono
blanco al dar la vuelta. El séquito entre vítores canta el salmo 122: “¡Oh qué
alegría cuando me dijeron: “vamos a la casa del Señor”! Tu casa, Señor, que es
nuestro Templo. Y somos peregrinos para cantar y alabar Tu nombre en este Año
Santo Jubilar que proclama a voces tu grandeza. La gloria de Dios por encima de
dinteles y puertas.
Hosanna al hijo de David,
bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel ¡Hosanna en el
cielo! porque del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus
habitantes.¡Portones! ¡Alzad los dinteles! ¡que se alcen las antiguas
compuertas! ¡Que va a entrar el Rey de la Gloria!
Y como
Jerusalén con su traje festivo,
vestida de
palmeras, coronada de olivos
viene la
cristiandad en son de romería
a inaugurar Tu
Pascua
con Himnos de
alegría.
Hosanna en el
cielo.
Y ahora sí, todos a misa.
Escuchamos tu Palabra en la Eucaristía. Y también la lectura de la Pasión en
este día. Y luego, ¡a la calle, competeños! ¡que este domingo es de gran
alegría! ¡Vámonos todos, mayores y niños, a acompañar en este domingo de sol a
Jesús de la borriquita! Y después de este recorrido alfombrado de oración,
charla y algarabía, vuelves, Señor, a tu ermita, ermita que antaño estuvo en las
afueras de esta villa.
Señor Mío
Jesucristo,
montado en la
pollinica.
Yo te sigo
mirando, con templanza de niña,
Yo voy con mi
gente, llueva o haga sol
¡Hasta tu
ermita!
porque tú eres
Jesús,
¡Mi Jesús de la
pollinica!
Yo no conozco
ya digo
otro Domingo de
Ramos,
me basta con
este que es
el de mis
padres, el de mis hermanos,
que fue el de
mis abuelos, que es el de mi familia,
el de mis
amigos de niña y el de mis antepasados.
¡que yo ya no
quiero conocer
otro Domingo de
Ramos!
Y es por eso
que tengo,
tengo en mi
casa de Jerez
un ramito de
olivo
con doce
hojillas secas
de un color
verdecillo.
Todo el año me
acompaña
este ramillo
bendito
Y da a mi casa
chiquita
¡Un airecillo
festivo!
En Cómpeta, como en casi
todos los pueblos y en casi todos los sitios, los niños nos desvivíamos por ir
“a las velas”. Y digo “a las velas” porque así lo llamó, así lo denominó mi
hermano Pepe Luis, con toda la gracia y arte de niño ( Eras muy chiquito,
tendrías apenas la edad suficiente para comprender el cansancio) a este mundillo
de las procesiones a las que nosotros nunca faltábamos y que seguramente
hacíamos de la mano de nuestra madre o de nuestra tía Ángeles. Cuenta Eva,
ustedes la conocen por Manola, que aquella noche su nuera Carmela y ella al
abrir la puerta se encontraron a Pepe Luis –la calle desierta-(la procesión
probablemente estaría en algún punto del camino, el arroyo, la carrera...) pues
eso, se encontraron al niño tumbado a lo largo del escalón. Ante su sorpresa, le
preguntaron: “¿pero Pepe Luis, mi vida, hijo, tú qué haces aquí?” Y el niño
respondió: “Que estoy “mu cansaico” de las velas y “me he venío.” Creo que esto
resume, en cierto modo, lo mucho que se ha vivido en casa la Semana Santa a lo
largo de nuestra vida y cómo ya desde niños nosotros participábamos de ella y de
cómo mi hermano se volvió para calle Huertos “mu cansaico” cuando el resto de la
familia estábamos todos “en las velas”.
Es difícil, una se llena de
nostalgia y olvido, poder recordar tantas cosas que se han vivido. La Semana
Santa en la infancia de aquellos niños de C/ Huertos siempre fue una fiesta. Yo
recuerdo que venían Mª Angeles y José Miguel y que su padre Miguel era el que
nos preparaba los redondeles de cartón para ponérselos a las velas de forma que
cuando estuvieran encendidas la cera de las velas cayera allí y no nos manchara.
Recuerdo aquellas manos paternales dibujando la circunferencia en el cartón y
recortándola después con esmero mientras los niños observábamos aquel proceso
sencillo como si fuese lo más importante del mundo. La ilusión de un niño por
llevar una vela es similar a la que pudo tener cualquiera de aquellos niños que
formaban la banda de tambores y cornetas que para mi siempre dirigió aquel
hombre delgado y escueto: D. José Arroyo ( más conocido por Pepe Títeres) con su
hijo siempre a la derecha. Son imágenes que una guarda cuando recuerda la Semana
Santa en la infancia competeña. Los niños que aún no comprendíamos el
significado de aquellos misterios nos dedicábamos a llevar la vela, a apagársela
a la del vecino, a pasear nuestra mirada por los ojos de los demás niños, a
hacer pelotas de cera y a hartarnos de reír si algún acontecimiento
extraordinario sucedía. El Señor siempre ha querido que sus niños sean felices y
a veces también se ha hecho cómplice en las travesuras por eso , los mayores
alimentaban nuestras ilusiones, se reían con nosotros y nos llevaban con ellos
de una forma divertida, festiva y orante porque el niño ora con la risa que sin
duda, es la oración más sencilla y bonita que se le puede regalar a Dios siendo
niño en una procesión. Os invito a fijaros en esta Semana Santa en la carita de
felicidad iluminada por la tenue luz de una vela en uno de nuestros pequeños. Os
aseguro que es todo un encuentro con el Señor. Y mi recuerdo entrañable ahora
para aquellos niños de la calle Huertos que me acompañaron muchas veces en
procesión, especialmente para los que me faltan: mi amiga Vitori que siempre
acompañó a Nuestra Señora de las Angustias y mi primo José con el que veíamos
la película de la pasión.
Yo no sé,
tiene algo.
Siempre fue
especial
la noche del
Miércoles Santo.
Tal vez por ser
la primera,
tal vez por la
ilusión tan deseada
al ver a
aquellos hombres
en los dumpers
esparciendo por las calles
la arena...
para que nadie
-nos explicaban-
¡se resbalara y
se cayera!
Yo no sé, tiene
algo....
¡era la
primera!
¡Vamos niños,
vámonos a las velas!
Que os espera
Jesús Cautivo,
Cautivito de
tristeza.
¡Capataz!, ¡da
la señal! ¡que no tenemos espera!
Noche del Miércoles Santo,
primera noche de la Semana Santa competeña. Ya casi puedo advertir detrás de tu
imagen cautiva, los últimos tintes del cielo fundiéndose en este crepúsculo de
primavera.
Se abren la
puertas:
Cargadores con
guantes blancos
y trajes de
chaqueta,
emergen
contigo, Señor,
desde la
oscuridad de tu iglesia.
Y tú apareces
como un
destello albo de luz,
desbordante de
noche,
de esplendor y
belleza
porque lo bello
también es amargo
y te sigues
sintiendo cautivo
pensando en
cuantos hermanos
son
despreciados por su raza
o su situación
en el trabajo.
Así lo refleja
Tu rostro
dolorido y
sagrado.
Suena el himno
de España
al son de las
trompetas.
¡Ya está el
Cautivo en la plaza!
¡Ya la
barandilla está llena!
Mirad qué
hermosa figura
bajo una luna
de fondo oscuro
casi llena.
¡Vamos
competeños!
¡Enfilad
vuestras velas!
Muy en
silencio, meditando,
acompañando a
Jesús cautivo,
¡cautivito de
tristeza!
Baja ya por
calle José Antonio,
parece que
andara
arrastrando su
pena.
Y detrás a escasos metros, Nuestro Padre Jesús atado a la
columna.
Es un moreno
con la mirada
perdida
clamando al
cielo.
Es el Señor
atado a una columna
de tortura y
sufrimiento.
Y se pregunta
mil veces:
¿por qué llaman
“gitano”
a mis hermanos
morenos?
¿Por qué los
desprecian si son
también humanos
y buenos?
Los gitanos te
sacan, te llevan, te acompañan,
te gritan:
”¡moreno!”, ”¡guapo!” “¡TE CANTAN!”.
Y Tú,
retorciéndote a cada dolor,
muestras la
espalda descubierta al viento
y flagelada.
Y en la noche
del Miércoles Santo,
Yo también soy
gitano, gitana
Para mirarte y
remirarte,
Para cantarte y
gritarte:
¡VIVA EL
MORENO!
Y ahí vamos los competeños,
calle José Antonio, calle Huertos....tras las huellas de Jesús meditando el
misterio, mientras otros aguardan tu salida, Madre Nuestra, en la plaza.
¡Oh Virgen de
los Dolores,
Madre del
cielo,
Madre de Él
Y Madre
nuestra!
Queremos
también acompañarte
Por nuestras
calles tras sus huellas.
Tu dolor va
acaparando
las horas de la
noche
y cerrando
callejuelas.
Como tantas
madres que van
al encuentro de
sus hijos metidos
en el mundo del
alcohol, del sexo y de las drogas.
Tu dolor es su
dolor
¡Y vuestro
dolor es el nuestro!
Y en la plaza almijara,
cuando Tú vas bajando la cuesta del quiosco, tu hijo sale a tu encuentro y te
espera. La plaza en silencio, la gente observa, hombres de trono con capas y
recogimiento. La señal del capataz es el único sonido que yo siento. Y la Virgen
bajo palio, a Tu encuentro!
El Jueves Santo es el día por
excelencia del Amor Fraterno, así lo expresa San Juan en el capítulo 15, 9-10:
“Como el Padre me amó yo os he amado, permaneced en mi amor” Día del Amor
Fraterno en el que Jesús se da hecho Pan y Vino. Hecho Eucaristía como realidad
permanente.
Yo te ví por
sendas cansado y rendido…
…Quien te habrá
ocultado bajo pan y vino
Quien te habrá
ocultado cordero divino.
(Coplas para el Vía Crucis)
Día del compartir y cómo
Jesús antes de cargar con su cruz hizo su testamento de quedarse con nosotros en
el Pan y el Vino hasta el fin de los siglos que cada año recordamos tan gran
acto de servicio en el lavatorio de pies a sus discípulos. Y cómo no nos podemos
quedar sólo en lo externo, en la procesión sino que tenemos que estar siempre
mirando a las personas que tenemos alrededor. Estar en continua COMUNIÓN
(Común-Unión) tanto en el dolor, el sufrimiento, como en el silencio, como en la
soledad. Que en Cómpeta pueda ser una realidad el “Amaos unos a los otros como
yo os he amado” San Juan, cap.15, 12-13 y ss., sin distinción de raza , lengua
o religión.
Yo tengo muchos recuerdos de
la noche del Jueves Santo pero si cierro los ojos sólo me llega una imagen de
niña en el nº 4 de calle Huertos. Una ventana de par en par y una chiquilla
enferma, contemplando la imponente imagen de un Jesús Nazareno cargando con la
cruz casi a ras de la ventana. Debió ser impresionante para una niña de tan
pocos años. Son impresionantes las dimensiones de la cruz sobre la talla esbelta
y dulcemente encorvada de Jesús.
Si te miro de frente aparece
toda tu humildad y resignación por encima de tu manto morado y aterciopelado con
un ramo de uvas despuntando verde esmeralda. Si te miro de cerca, me encuentro
con tus ojos entreabiertos, henchidos de amor clavándose en los míos. Si te miro
en la plaza desde un ángulo lateral, me aparece tu perfil bellísimo de gracia y
curvatura. Véanlo así, es una silueta magnífica. Y si te veo ascender por calle
Huertos desde arriba, pareces venir a mi al son de las trompetas y los nazarenos
hasta descansar en lo alto, en la puerta de Angelita Romero. Una cruz perfilada
de luz y dolor que me hace pensar: Jesús, ¡qué gran hombre fuiste! Y ya por
último, si te veo desaparecer por la otra ventana de mi casa de niña, aquella
ventana chiquita que daba al bancal del limonero, es como si pasearas con Tu
cruz sólo, caminando por la calle San Sebastián hasta el cementerio con un
reguero de lucecitas que en la distancia, te acompañan en silencio. Y sigue el
itinerario, Avda. de Torrox, Plazoleta, calle Toledo...despacito, despacito,
¡hasta tu templo!
La estrella del
norte, la perla del mar
La flor de los
campos me enseñan a amar
A ti Jesús mío,
dulce nazareno
Ve ante mis
ojos, muérame yo luego.
(Coplas para el Vía Crucis)
Saben, yo fui una de las
primeras niñas que se vistieron en Cómpeta de nazareno con la pandilla de mi
infancia y nos lo pasamos bomba acompañando a Jesús. Me queda la creencia de que
nuestra alegría seguro que le hizo la carga más leve y llevadera.
Bueno, despacito,
despacito....hasta Tu templo pero antes en la plaza esperas a tu Madre que viene
todo el trayecto llorosa, preciosa, silenciosa, sin dejarte un momento.
Compartiendo contigo tanto sufrimiento.
Tú te quisiste quedar para
siempre en la Eucaristía con nosotros y nosotros en agradecimiento queremos
quedar contigo esta noche en profunda oración y silencio.
La estrella del
norte, la perla del mar
La flor de los
campos me enseñan a amar
A ti Jesús Mío,
dulce nazareno
Que me estás
amando en el sacramento.
Despierta Cómpeta en la
mañana del Viernes Santo con hombres bien trajeados que al alba encaminan sus
pasos tras Jesús Crucificado en un bellísimo y respetuoso Via Crucis por las
calles de nuestro pueblo.
“Jesús en la Cruz
despreciado, deshecho de los hombres, varón de dolores, sabedor de dolencias,
despreciado y no lo tuvimos en cuenta y con todas nuestras dolencias cargó Él.
Soportó todos nuestros dolores, herido y humillado de Dios y de los hombres sin
abrir la boca. Como cordero llevado a matadero y como oveja ante los que la
esquilan sin abrir la boca. Indefenso se entregó a la muerte y como un rebelde
fue condenado cuando Él llevó el pecado de todos e intercedió por la humanidad”
Así nos lo presenta Isaías en
el cuarto canto del siervo de Yahvé. Cap. 53, 1-12
Viernes Santo es día de
dolor, de sufrimiento, de aromas de incienso, día de la donación mayor: “Nadie
tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” San Juan, cap.15,13. Y
cómo Jesús se entrega al Padre. También es el día en que Jesús ora por todos
nosotros, cómo le pide a Dios no para que nos saque de este mundo sino para que
nos mantenga en él como hijos amados de Él.
Hoy esta muerte de Jesús
está representada en tantas mujeres muertas por la violencia de género,
calladas, humilladas, maltratadas. Y las víctimas del 11 de marzo. En tantos
emigrantes que mueren en el estrecho o en el intento de buscar una vida mejor y
que a nosotros nos parece una cosa de todos los días.
Y Jesús Crucificado, tras
unos meses de ausencia y como revelación más perfecta del amor, vuelve a su
casa....restaurado. A su trono majestuoso de claveles rojos o lirios morados.
En la Cruz
clavado, mi Jesús clemente
Que por
redimirnos mueres inocente,
Flor de
serafines, dulce Jesús Bueno
Veante mis
ojos, muérame yo luego.
Estas coplas poéticas las
vamos a escuchar en este día y después otras de gran valor en las Siete
Palabras que de una forma tan hermosa, bella y particular nos viene cantando
todos los años Mª Carmen Fernández Ramos junto al coro y al maestro organista,
primero siempre pusieron la música las manos y los sentimientos de Manuel Román
pero ahora desde hace un tiempo lo viene haciendo magníficamente también Cándido
Romero. Y después por la tarde la adoración de la cruz y la última comunión
previa a la Resurrección.
Y por la noche, noche central
de procesiones. En primer lugar, Cristo Crucificado ahora con todo el mundo.
Hombres y mujeres, niños y abuelos. Y detrás, Nuestra Señora de las Angustias
representando el dolor de una madre que tiene en sus rodillas a un hijo
asesinado injustamente. El hijo parece un hombre cualquiera en sus despojos
mortales pero aunque podía ser un hombre cualquiera es Cristo muerto.
En brazos de
María
El cadáver
sangriento
Ponen para
tormento
De un pecho
maternal.
La belleza del dolor está
altamente representada en este conjunto escultórico que a mi siempre me ha
parecido bellísimo. La Virgen no mira a Cristo sino que con la mirada inclinada
hacia arriba parece aceptar en silencio la voluntad divina. Se me representa el
dolor tremendo de esas madres que pierden un hijo joven a causa de una
enfermedad injusta como puede ser el cáncer o por el desenlace fatal de un
accidente de tráfico, moto o coche. Jóvenes que desaparecen y de los que no
sabemos nada. Os invito en este día a solidarizarnos con el dolor, ya digo,
tremendísimo, de estas madres de Cómpeta que sufren hoy esta desdicha. A
ponernos en su situación, a acompañarlas y a rogar a María Santísima para que
les ayude a encontrar una explicación por medio de la fe y les de fuerzas para
vivir.
Y después de Nuestra Sra. de
las Angustias, el Sepulcro o Santo Entierro con la solemnidad que le caracteriza
del pintor competeño Ávila, luciendo este año su trono nuevo y a cargo del
ayuntamiento.
Y cerrando la noche, llevada
por mujeres y después del largo recorrido, nos encontramos en la plaza junto a
las demás imágenes a María Magdalena o Maria de Magdala que se balancea al
compás de la música y de los demás tronos con el airecillo de la noche
reclamando el alba. María Magdalena es una imagen muy nuestra también que
siempre nos ha acompañado en la Semana Santa competeña. Hay que resaltar que con
su trono nuevo y recuperada del abandono en que en cierto modo se encontraba,
María Magdalena está mucho mejor cuidada, más guapa y representa un aire juvenil
similar a la edad que pudo tener en la realidad y también a la fuerza de la
juventud que caracteriza a esta hermandad. María Magdalena también fue una mujer
joven que acompañó a Jesús en todo el proceso de la evangelización y una de las
conversiones más importantes en la historia del Nuevo Testamento. Vayamos a San
Juan, cap.8,11ss. “¿Ninguno te condenó?” Y ella contestó: ”Ninguno Señor” Jesús
le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más” A raíz de aquí, María
Magdalena cambia radicalmente su vida. De ella aprendemos la transformación que
pueden sufrir las personas a causa del amor. Quizá se sintió querida por primera
vez. La transformación del perdón. Quizá fue perdonada por primera vez. Y más
allá de todo esto, el poder que tenemos nosotros, tú y yo, para transformar las
muchas vidas vacías, tristes, desconsoladas, faltas de ilusión y entusiasmo que
tenemos alrededor
Y cerrando la noche, Nuestra
Señora de la Soledad. Madre con la soledad sonora de sus hijos muertos a la fe,
a la religiosidad, a los valores fundamentales que se nos van de las manos.
Viernes Santo, “Nadie tiene
mayor amor que el que entrega su vida por sus amigos” San Juan, cap.15. 13-14.
Sí, nadie tiene mayor amor...
En enero, una amiga mía
escribía así: Hemos pasado unos días de frío enorme, hemos visto los campos con
carámbanos, con hielo, los árboles desnudos de hojas y frutos, las plantas sin
flores, los rosales sólo con los espinos. Hemos tenido que podar árboles,
plantas. Cortar nuevos tallos, enterrarlos en nueva tierra y ...ya están
empezando a brotar, a los árboles se les va viendo llenos de yemas, los rosales
empiezan a despuntar, los geranios empiezan a reverdecer, los animales empiezan
a despertar de su letargo....y en pocos días la naturaleza reventará de vida,
resucitarán del letargo de la muerte. Los adolescentes y jóvenes empiezan a
enamorarse, a enviarse mensajes y flores. Nacen nuevos niños en las familias,
nuestros pueblos parecen vivir con unos deseos ardientes de paz, paz para todo
el mundo y todos los humanos. Si caminamos y vivimos con estos sentimientos
podemos estar comenzando el Misterio Pascual y Pascua significa “Paso de la
Muerte a la Vida”, es decir, vivir el misterio de Cristo Resucitado.
Después de un día de luto,
silencio y recogimiento, de altar desnudo en el sábado santo, después de vivir
el sufrimiento y el dolor de la pasión y la muerte, Jesús al tercer día
Resucitó. Es dificil de entender, tampoco lo vieron con claridad su madre y las
otras mujeres ni sus discípulos. Imaginemos cuando se aparece ante ellos.
Probablemente ellos se cuestionarían mil preguntas...y allí estaba Jesús con una
paciencia infinita recondándoles todas las Escrituras y los profetas que
anunciaron su muerte y resurrección para darles clarividencia. Y como enseguida
les comunica el mensaje principal de la Resurrección: LA MISIÓN: Id, anunciad,
bautizad, perdonad....Jesús diría: “No os quedéis ahí parados, empezad a
caminad, moveos”, “Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo” Mateo 28,(18-20) Jesús manda a sus amigos para que sean testigos
y germen de la Resurrección. Nosotros también podemos serlo en nuestro trabajo
de cada día, en las cosas más ínfimas y cotidianas porque ni una sola deja de
ser extraordinaria al estar llena de vida, y la gran oportunidad de poder serlo
ante las personas que nos rodean . . .con ayuda verdadera o un simple gesto.
Dios nos regala el don para que nosotros podamos experimentar esta resurrección
pero para ello hay que querer.
Después de la noche más
hermosa, “Oh noche maravillosa”, la noche en que Jesús nos rescató para devolver
a los hombres la amistad con Dios... vuelven a sonar las campanas para anunciar
la misa de pascua del Domingo de Resurrección y tras ella, nuevamente nos vamos
los competeños a la procesión para acompañar la imagen semi-desnuda y victoriosa
de Cristo Resucitado, desprendido y libre con su mano apuntando al cielo.
Alegres en el color de sus trajes y simbolizando vida, le siguen María Magdalena
y María Santísima llevada con simpatía y sencillez por los quintos y quintas.
Jesús por las calles de nuestro pueblo parece anunciar el saludo del Resucitado
que siempre es: “Paz a vosotros, Os doy mi paz, Os dejo mi paz, ....transmitid
mi paz” Porque Resurrección y paz van intimamente unidas. La paz es fruto de la
Resurrección como los sacramentos son fruto de la misma. ¡Qué gran hombre fuiste
Señor! Sólo tú el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso voy a terminar
manifestando lo que Dios por medio de San Pablo nos revela esta tarde: De parte
de Dios y Cristo Resucitado: gracia, misericordia y paz. Pues que Cristo
Resucitado nos conceda la paz para vivir una Pascua llena de esperanza, alegría,
compromiso y misericordia en este Año Santo Jubilar por la gracia. AMÉN.